En el hospital espacial Pasteur, el doctor Glazunov examina a Heywood Floyd: a los ciento tres años cronológicos, su cuerpo conserva la apariencia de sesenta y cinco.
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En el hospital espacial Pasteur, el doctor Glazunov examina a Heywood Floyd: a los ciento tres años cronológicos, su cuerpo conserva la apariencia de sesenta y cinco. Tras un accidente hace casi cinco décadas, Floyd ha permanecido en órbita, donde la gravedad artificial frenó su envejecimiento. Mientras contempla la Tierra desde la ventanilla, sabe que nunca volverá a pisar tierra firme. Una última misión se presenta: descender sobre el cometa Halley, la oportunidad de encontrar propósito en una vida que ha transcurrido entre la seguridad y la soledad.
Heywood Floyd fue testigo de cambios que transformaron la comprensión humana del universo. Su expedición a Júpiter reveló la existencia de una inteligencia antigua que había dejado sus huellas en la Luna y creado una estrella artificial llamada Lucifer. Tras su regreso, un accidente lo atrapó en la órbita terrestre, donde los años transcurrieron de manera distinta: su cuerpo envejeció lentamente bajo la gravedad artificial del hospital orbital.
A los ciento tres años cronológicos pero apenas sesenta y cinco de apariencia física, Floyd existe en un estado de comodidad sin dirección. Sus antiguos colegas de expedición han muerto o desaparecido. El doctor Chandra perdió la voluntad de vivir. Su familia terrenal se ha distanciado: Marion, su primera esposa; Christopher, su hijo, que encontró otro padre en la vida que Floyd abandonó. Todos son ya extraños, restos de una vida que parece haber pertenecido a otro.
Durante cuarenta y cinco años, Floyd ha observado desde el Pasteur los cambios de una Tierra que finalmente se unió ante la amenaza cósmica de Lucifer. Ha contemplado maravillas a través de ventanillas, pero su existencia carece de propósito. Una inquietud creciente lo invade: ha acumulado demasiados años, demasiada seguridad, demasiada orden.
Entonces surge la oportunidad: la nave Universe, en su viaje inaugural, descenderá sobre el cometa Halley. Floyd, observando cómo brilla débilmente el famoso visitante en el cielo nocturno del hospital, toma una decisión. Aunque los protocolos prohíben a los pasajeros abandonar la nave durante el descenso, sabe que encontrará la manera. Puede ser que le cueste la vida, pero una muerte en el borde del cráter del Halley, bajo un sol distante, es un precio que está dispuesto a pagar por aquello que ha buscado toda su existencia.
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