Un grito desgarrador resuena en los sótanos de una casa de modas. Kurt Randhein, empresario poderoso, es acusado del asesinato de su amante Marión Benson.
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Un grito desgarrador resuena en los sótanos de una casa de modas. Kurt Randhein, empresario poderoso, es acusado del asesinato de su amante Marión Benson. El abogado Norman Fellco lo defiende con una tesis sorprendente: no sacaron un cadáver, sino un maniquí defectuoso. Un giro inesperado revela que Marión estaba viva, escondida en el edificio. Pero cuando desaparece nuevamente tras el juicio, Fellco comienza a sospechar que la verdadera culpabilidad permanecía oculta bajo la coartada perfecta que él mismo ayudó a construir.
Un grito desgarrador resuena en los sótanos de la casa de modas Spring’s en la Sexta Avenida. Dos hombres emergen cargando lo que parece ser un cuerpo envuelto en una manta. Los testigos los ven introducirse en una furgoneta de la funeraria Trompetas de Jericó. La policía descubre manchas de sangre en el despacho de Marión Benson, directora de la tienda, un zapato abandonado y un anillo incinerado en los hornos crematorios.
Kurt Randhein, dueño de los almacenes y amante de Marión, es acusado de asesinato. El fiscal presenta un caso cerrado. Norman Fellco, joven abogado criminalista, asume la defensa con una teoría singular: Randhein sacó un maniquí defectuoso que Marión solicitó desapareciera. Las heridas fueron accidentales, producto de una discusión.
Fellco propone lo inusitado: Marión podría estar viva, escondida en alguno de los pisos superiores del edificio. Se la encuentra en la octava planta, donde ha pasado semanas aislada del mundo. Su confesión sobre el maniquí valida la versión de Randhein. El juicio se sobresee y Fellco obtiene un éxito extraordinario, aunque algo turbio persiste en sus pensamientos.
Meses después, Marión visita a Fellco buscando protección. Teme a Randhein. Con vanidad profesional, Fellco le asegura que está protegida: cualquier ataque se volvería prueba de intento de asesinato. Su deducción se revela error fatal.
Una semana después, Marión desaparece sin dejar rastro. Fellco comprende la trampa. El juicio no fue triunfo de la justicia, sino coartada perfecta para un crimen. Randhein asesinó a Marión la segunda vez, incinerando meticulosamente su cadáver. Fellco, cuya defensa fue decisiva para la absolución, se convierte en testigo impotente de que su éxito legal fue cómplice de la verdadera culpabilidad.
Decidido a deshacer lo que su propia defensa construyó, Norman Fellco se lanza entonces contra el gángster.