Un periodista descubre a los cincuenta y cinco años que fue adoptado. La revelación, que llega cuando ya ha construido una vida dedicada a buscar respuestas a través del periodismo, se convierte en el eje de esta antología donde reflexiona…
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Un periodista descubre a los cincuenta y cinco años que fue adoptado. La revelación, que llega cuando ya ha construido una vida dedicada a buscar respuestas a través del periodismo, se convierte en el eje de esta antología donde reflexiona sobre cómo la necesidad de preguntar, nacida de la enfermedad de su madre adoptiva, lo llevó a una profesión que define como un acto de desobediencia. Recorre sus primeros pasos en el oficio, desde los diez años cuando entrevistó a un poeta menor en la guía telefónica, hasta sus años en radio y prensa, donde aprendió que el verdadero periodismo busca conocer al otro, no confirmar hipótesis propias.
En una tarde cualquiera, tras cincuenta y cinco años de vida, un periodista descubre que ha sido adoptado. La revelación llega de forma casi casual, a través de un encuentro entre su prima Liliana y su pareja Sara en un bar porteño. Lo que sigue es un desglose lento de verdades ocultadas: su madre no era su madre biológica, sino una mujer que fingió un embarazo tras un parto fallido de mellizos. Su padre adoptivo guardó el secreto durante toda la vida, aunque en una ocasión, en el garaje de la casa, estuvo a punto de revelarlo. Ahora, frente a esta nueva realidad, emerge una pregunta que lo perseguirá: si aquella mujer enferma que no podía hablar por un tumor cerebral no era ella, entonces, ¿quién era él?
Esta antología reúne reflexiones sobre una vida dedicada al periodismo, un oficio que el autor ha practicado como acto de desobediencia y búsqueda permanente. Crecido en Avellaneda, en la calle Chenault con su tía y su abuela, rodeado de libros viejos y revistas olvidadas encontradas entre escombros, aprendió temprano que preguntar es cuestionar, y que cuestionar es conocer. A los diez años hizo su primera nota: una biografía de un poeta menor que encontró listado en la guía de teléfonos y a quien llamó directamente. Esa persistencia, esa necesidad imperiosa de indagar, la atribuía entonces a la enfermedad de su madre, a la búsqueda de respuestas en alguien que no podía darlas. Pero ahora sabe que sus preguntas intuían algo más profundo: un secreto sobre sus propios orígenes que perseguía sin proponérselo, casi toda su vida.
El libro traza un itinerario por las primeras décadas de su carrera: en Radio Nacional a los catorce años, donde aprendió a escribir informativos en una Lexicon 80 con dos dedos; en Belgrano, donde un jefe le recomendó que no llamara después de una semana de prueba; en El Porteño y luego en Página/12, donde construyó una forma de entender el periodismo que lo define hasta hoy. A lo largo de estas páginas, reflexiona sobre qué significa ser verdaderamente periodista: alguien que busca conocer al otro, no ratificar una tesis propia; alguien que entiende que el diálogo es un juego de seducción en el que espera que el entrevistado se equivoque y diga lo inesperado. Alguien que cuestiona, que escucha, que reconoce que cada portero de cada casa ocultaba historias como las de Shakespeare.