En una mañana de Palermo, el patriarca de la Mafia, Don Calogero Caretti, desciende de su automóvil blindado para su paseo cotidiano acompañado por su joven hija.
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En una mañana de Palermo, el patriarca de la Mafia, Don Calogero Caretti, desciende de su automóvil blindado para su paseo cotidiano acompañado por su joven hija. Lo que comienza como una interrupción de periodistas del Daily Mirror termina en una lluvia de disparos y cuchilladas que acaba con vidas. Los mismos asesinos, transformados en corresponsales de prensa, reaparecen días después en Washington, infiltrándose en un edificio de la capital estadounidense con un objetivo aún más ambicioso. Una trama de violencia coordinada se despliega entre dos continentes.
En una mañana de septiembre en Palermo, Calogero Caretti interrumpe su rito diario. El anciano padrino mafioso, encorvado y cercano a los ochenta años, desciende de su Fiat blindado acompañado por su hija menor Vicenzina, de dieciocho años, protegida celosamente contra la mirada de los galanes de la ciudad. Sus guardaespaldas vigilan cada paso, enfundados en ternos impecables y armados, siguiendo el protocolo de seguridad de una rutina que no ha variado en años. Entre los arbustos del paseo emergen dos jóvenes que se presentan como corresponsales del Daily Mirror. Una mujer, Ajita Donovan, hermosa y provocadora, y su compañero abordan al padrino con familiaridad, formulan preguntas sobre la Mafia como imperio caduco. El tercero del grupo carga una voluminosa cámara fotográfica. Calogero, seducido por la juventud de Ajita, autoriza que se tomen fotografías. Lo que sucede después es una ejecución sin ceremonial. El falso corresponsal extrae una automática provista de silenciador y ejecuta a los guardaespaldas. Ajita desenvaina una navaja de resorte y hunde su filo en la yugular del anciano. Vicenzina corre la misma suerte. El conductor del vehículo blindado cae también. La Via della Libertá se tiñe de sangre. Los asesinos huyen en un pequeño automóvil que desaparece en el interior de un camión de mudanzas. Desde Palermo, uno de ellos contacta a un misterioso señor Newman para confirmar que todo ha salido conforme a lo planeado. Anuncia su llegada a Washington al amanecer siguiente. Días más tarde, los mismos tres aparecen en el vestíbulo de un edificio de lujo en la avenida John Fitzgerald Kennedy. Se hacen pasar por periodistas, esta vez con intención de entrevistar al senador Kervin McClure. El conserje sospecha de ellos. Ajita lo seduce y lo atrae a un cuarto de limpieza donde es ejecutado con un disparo silenciado. Suben al apartamento del senador. Su esposa, Grace Holden, abre la puerta. Los asesinos ya no fingen cortesía. La escena final sugiere que la verdadera intención está a punto de revelarse.
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