El 14 de julio de 1789, Jacqueline y sus dos hijos son arrastrados por la multitud en París durante la toma de la Bastilla. Presencian la muerte brutal de su tío, el preboste de la ciudad.
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El 14 de julio de 1789, Jacqueline y sus dos hijos son arrastrados por la multitud en París durante la toma de la Bastilla. Presencian la muerte brutal de su tío, el preboste de la ciudad. Forzados a huir de Francia, encontrarán refugio en Italia bajo una nueva identidad. Ocho años después, su hija Céline, ahora condesa, se verá envuelta en asuntos que amenazarán nuevamente la paz que conseguieron construir.
Cuando la muchedumbre revolucionaria irrumpe en las calles parisinas, Jacqueline abandona su hogar en la plaza Vendôme junto a sus dos hijos, Alain y Céline, en un intento desesperado por alcanzar el ayuntamiento. Lo que comienza como un acto de supervivencia se transforma en una catástrofe irrevocable: la familia es arrastrada por la multitud exaltada hacia la plaza Grève, donde presencia la captura y ejecución brutal de Jacques Flesselles, preboste de París y hermano de Jacqueline. En medio de los gritos frenéticos de la turba enloquecida, su cabeza es levantada en una pica en marcha triunfal.
La escena de horror que presencian marca el punto de quiebre. Jacqueline comprende que no existe futuro posible para una familia de su estirpe en una Francia que se desmorona bajo la revolución. Sus venas portan la sangre de los Flesselles y del linaje Blair de Boisemont, nombres que han servido al antiguo régimen ahora condenado. Con decisión inquebrantable, emprende la huida hacia Italia, llevando consigo únicamente lo indispensable y el apoyo incondicional de Velmont, su leal mayordomo, quien elige seguirlos considerándolos su verdadera familia.
Gracias a la generosidad extraordinaria de Agnès Delacroix, una antigua tutora que se ha establecido en Turín como heredera de una vasta finca cercana a Rosta, logran construir una nueva vida bajo el título de condes Ranieri. Durante años, Jacqueline intenta sanar sus heridas, pero sucumbe a la pulmonía sin poder disfrutar plenamente de la paz conquistada.
En 1797, ocho años después de su huida, Céline es una joven condesa culta y compasiva. Sus jornadas transcurren entre el cuidado de sus propiedades y la devoción silenciosa por los seres perdidos: visita las tumbas de su madre y de Agnès con flores silvestres, conservando viva la memoria de quienes la salvaron. Pero la tranquilidad que parecía asegurada se quiebra cuando Rita, hermana del posadero del pueblo, llega a la finca desesperada. Su hermano ha sido capturado por un regimiento militar que requisó el vino de su posada; ahora enfrenta la transferencia a prisión.
En las páginas de esta novela late el viaje de una familia que debe aprender a sobrevivir no solo al terror físico, sino a la ruptura de su identidad. Mientras Céline se ve impelida a actuar, descubrirá que las cicatrices del pasado nunca desaparecen completamente, y que la historia tiene formas inesperadas de perseguir a quienes creían haber escapado.