Chris Rubb, un hombre de treinta años que vive sin rumbo ni propósito, recibe un ultimátum de su padre: conseguir pareja en siete días o perder su herencia. Desesperado, renta un androide de compañía.
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Chris Rubb, un hombre de treinta años que vive sin rumbo ni propósito, recibe un ultimátum de su padre: conseguir pareja en siete días o perder su herencia. Desesperado, renta un androide de compañía. Pero cuando la máquina programada para fingir amor comienza a aprender de la experiencia humana, la línea entre lo artificial y lo auténtico se difumina de manera inesperada.
Chris despierta en el sofá de su apartamento neoyorquino tras una madrugada de videojuegos. Su amigo Mike lo visita y le revela una incómoda verdad: lleva diez meses sin trabajo. Esta noticia coincide con una videollamada de su padre, Richard, quien lo amenaza con desheredarlo si en una semana no presenta prueba de estar comprometido.
Presionado por la urgencia y sin opciones viables, Chris y Mike descubren un servicio de renta de androides en fase de prueba. El plan es simple: alquilar una compañera artificial por una semana para engañar a su padre. Lo que no esperan es lo que sucede cuando la caja llega al apartamento.
Fia, el androide que emerge de la caja, viene inicialmente programada con una voz robótica que decepciona a ambos. Pero el manual revela que el sistema puede adaptarse mediante comandos de voz y aprendizaje continuo con humanos. Chris selecciona para ella un perfil de personalidad llamado «Candy», dulce e inocente, y observa asombrado cómo la máquina se transforma: su voz se vuelve natural, su movimiento grácil, su expresión genuina.
Lo que comienza como un ardid engañoso toma un giro inesperado cuando Chris lleva a Fia a caminar por Nueva York. Ella descubre las escaleras paso a paso, se maravilla con las luces de los aparadores, corre por las calles como una niña. En Central Park, junto a la fuente iluminada, Fia observa a otras parejas y se acerca a Chris con naturalidad, tomando su mano con calidez. La línea entre lo programado y lo sentido comienza a borrarse. Lo que nació como una mentaja ha despertado algo más complejo: la posibilidad de que el amor pueda germinar en los intersticios entre la máquina y el corazón humano.