Una carta de amor nunca llegará a destino. En el interior de una casa que crece sin cesar, el narrador intenta alcanzar a la amada que duerme, protegida por criaturas espectrales.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Una carta de amor nunca llegará a destino. En el interior de una casa que crece sin cesar, el narrador intenta alcanzar a la amada que duerme, protegida por criaturas espectrales. Tras abandonar una batalla de honor, huye al bosque donde el amor se vuelve paradoja: para encontrar es necesario perder, para buscar es preciso huir.
El narrador, desde la noche perpetua de un pórtico, escribe una carta que nunca alcanzará a quien ama. Dentro de la casa que no cesa de crecer, de multiplicar sus aposentos, pasillos y balcones, ella duerme. Guardianes extraños —criaturas de forma dudosa, perros peludos con manos felinas, serpientes serviciales— velan su reposo sin comprender dónde ha sido destinada. El narrador sabe que buscarla es perderla, que aproximarse significa alejarse. Tras esta imposible convivencia, abandona la casa y se entrega a una batalla feroz. Acepta la derrota, reclama la ignominia como blasón, elige la muerte antes que la posesión. En el bosque que lo acoge, entre musgos fosforescentes y enormes troncos, las imágenes se disuelven: caballeros que decapitan reinas, rostros múltiples, palacios de agua que aparecen y desaparecen. Todo podría ser ella. En la encrucijada forestal encuentra a un cartero imposible bajo una encina que produce billetes en lugar de hojas. El viejo propone un juego: seleccionar los mensajes, combinarlos, escribir los propios sobre papeles en blanco. Pero la ambigüedad es total. Los billetes nunca revelan su verdadero remitente. El narrador puede ser autor de lo que recibe, puede estar escribiendo su propia ilusión.