En las calles de Buenos Aires, 1797, Ana regala su sombrilla de encaje a unos niños que pasan en una yegüita blanca. Este gesto abre la historia de una mujer francesa que, huyendo de la Revolución, llega a un territorio desconocido.
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En las calles de Buenos Aires, 1797, Ana regala su sombrilla de encaje a unos niños que pasan en una yegüita blanca. Este gesto abre la historia de una mujer francesa que, huyendo de la Revolución, llega a un territorio desconocido. Casada con un hombre ausente, Ana aprende a montar a caballo, a cocinar como su madre le enseñó, a hablar español. Cuando viaja a las Misiones y conoce al Capitán Liniers, el gobernador de aquellas tierras, descubre que ciertos límites tienen raíces más profundas que el deber matrimonial.
Ana Perichón desembarca en Buenos Aires en 1797 huyendo de la Revolución francesa. Llega con toda su familia, cargada de muebles, pianos, candelabros de plata: el mundo que dejan atrás se condensa en los baúles. Lo primero que sorprende a Ana es ver a todos montados a caballo, incluso a los mendigos, incluso a los niños. En una escena temprana, regala su parasol de encaje a dos niños que pasan en una yegüita: un gesto que la define, una generosidad espontánea.
Ana está casada con Tomás O’Gorman, pero su marido está ausente. Vive en la finca de su padre cerca de Goya, donde aprende a montar con audacia: intenta someter un redomón salvaje y cae, pero no suelta las riendas. En la cocina, sin embargo, Ana se vuelve inolvidable. Pasa horas componiendo platos: un dorado correntino macerado en vino, cubierto de cebolla y orégano, decorado con romero. Observa cómo desaparece su obra en la voracidad de los comensales, y es feliz.
Cuando monsieur Perichón viaja a las Misiones para negociar con el gobernador Santiago de Liniers, lleva a Ana consigo. El viaje es perturbador: goleta por un río marrón, selva, la voz del contramaestre que la despierta en la galera con sus tonos agudos. En La Candelaria, Ana conoce al Capitán Liniers: marino joven de ojos frágiles, con una cicatriz que le cruza el pecho. La novela cuenta lo que no se dice entre ellos, la tensión entre la vida que Ana habita —mujer francesa, casada de facto pero no en realidad— y los deseos que la rozan sin tocarla. Es una historia sobre la contención, sobre los límites que se imponen y los que se desean traspasar.
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