En el balcón de un lujoso hotel en Cannes, durante la semana del Festival de Cine, Diana contempla la bahía iluminada por la luna mientras sueña con convertirse en estrella.
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En el balcón de un lujoso hotel en Cannes, durante la semana del Festival de Cine, Diana contempla la bahía iluminada por la luna mientras sueña con convertirse en estrella. Su amiga Cherry, más humilde y reflexiva, observa cómo Diana está dispuesta a hacer cualquier cosa por lograrlo. Pero mientras ambas buscan su lugar en ese mundo de glamour y poder, Cherry nota que alguien las vigila con insistencia. Las diferencias entre las dos amigas se profundizan a medida que los verdaderos costos de la ambición comienzan a revelarse en la Riviera francesa.
Bajo la luz de la luna que refleja en la bahía de Cannes, Diana Dermot permanece en el balcón del hotel contemplando los yates que ondulan banderas de todas las naciones, asombrada de haber llegado a ese rincón de la Riviera francesa en el momento más importante del año para el cine. Su amiga Cherry está a su lado, escuchando cómo Diana expresa una y otra vez su incredulidad ante la suerte que las ha traído allí. Pero la suerte, como descubre Cherry durante la conversación, fue en realidad la astucia calculada de Diana. Trabajar en una agencia de viajes no fue una carrera, sino un medio para obtener boletos a precios reducidos que las llevara a Cannes en la semana del Festival Cinematográfico, justo cuando directores y productores se despliegan por toda la ciudad buscando rostros nuevos. Las dos amigas no podrían ser más distintas. Diana, bella y decidida, viene del teatro y solo ve Cannes como un trampolín hacia el cine. Está dispuesta a sacrificar moral y principios si es necesario, a soportar las miradas de hombres cuya apariencia no le importa si tienen la influencia para impulsarla al estrellato. Cherry, en cambio, es generosa, reflexiva y honesta. Vendedora de perfumes, se conforma con una vida sencilla, con la posibilidad de tener un hogar y una familia. Su única ambición es encontrar paz y seguridad. La tensión entre ellas explota cuando Diana acusa a Cherry de sabotear sus oportunidades. Cherry responde con dignidad, explicando que sus titubeantes pies siempre permanecerán pegados a la tierra, que ella no puede ni desea representar un papel para captar la atención de los hombres. Pero finalmente cede, vencida por la súplica de su amiga. Sin embargo, bajo la superficie de esta amistad crece una inquietud más profunda. Cherry ha notado que un hombre las observa con insistencia desde el primer día, alguien de mirada burlona y rostro duro, sin bondad. No sabe quién es ni qué quiere, solo que es perseguida como un animal asustado, como una presa. Mientras se preparan para bajar a los salones del hotel, donde el juego de seducción y ambición continúa cada noche, Cherry intuye que algo importante está por suceder, algo que cambiará irrevocablemente el curso de sus vidas.
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