A finales del verano de 1868, Cádiz es el escenario de una conspiración que fermenta entre militares, políticos y ciudadanos armados. La ciudad portuaria, histórico baluarte liberal, vuelve a ser cuna de revolución cuando progresistas,…
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A finales del verano de 1868, Cádiz es el escenario de una conspiración que fermenta entre militares, políticos y ciudadanos armados. La ciudad portuaria, histórico baluarte liberal, vuelve a ser cuna de revolución cuando progresistas, unionistas y demócratas coordinan un alzamiento para terminar con la monarquía moderada. La llegada clandestina del general Prim y las negociaciones nocturnas a bordo de la fragata Zaragoza ponen en marcha un movimiento que, aunque frágil en sus divisiones internas, logrará derrocar a Isabel II.
Durante el verano de 1868, Cádiz experimenta una ebullición política que contrasta con la pobreza y el descontento que aqueja a obreros, artesanos y burgueses. La ciudad, históricamente asociada con la resistencia contra la invasión francesa y cuna de las primeras Cortes liberales, atrae a conspiradores de diversas tendencias: militares de la Unión Liberal, progresistas y demócratas que sueñan con transformar el régimen.
Los preparativos del alzamiento revelan las tensiones profundas entre estas facciones. Los unionistas, encabezados por el brigadier Topete, aspiran únicamente a deponer a Isabel II y entronizar al duque de Montpensier, su cuñado. Los demócratas gaditanos, liderados por José Paúl y Angulo y Fermín Salvochea, buscan algo más radical: no un pronunciamiento militar clásico, sino una revolución popular capaz de instaurar un régimen realmente democrático. Los progresistas, representados por el general Juan Prim, se sitúan en una posición intermedia.
Esta fragmentación casi sabotea el movimiento. En agosto, cuando todo estaba listo para que el Regimiento Cantabria se pronunciase, las discordias entre unionistas y demócratas hacen que todo se aborte. La conspiración es descubierta, oficiales dados de baja, sargentos procesados, paisanos detenidos.
Pero la determinación de los demócratas no cesa. A través de complejos movimientos de barcos entre Londres, Gibraltar y Cádiz, coordinan el regreso clandestino de Prim. En la noche del 15 al 16 de septiembre, civiles armados de Jerez se infiltran en la ciudad, escondidos en cafeterías y tiendas. La madrugada del 16 al 17 de septiembre marca el clímax. A bordo de la fragata blindada Zaragoza, en la bahía, se reúnen Prim, los jefes de la marinería y los republicanos gaditanos. En esa conferencia se sella el pronunciamiento: a las doce del mediodía de ese 17 de septiembre, la Escuadra se subelevaría.
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