Hilda Baker, una mujer modesta que ha pasado veintiún años trabajando en un taller de moda londinense, recibe una herencia inesperada. Desconcertada sobre cómo invertir el dinero, encuentra un anuncio en una revista: una señora busca socia…
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Hilda Baker, una mujer modesta que ha pasado veintiún años trabajando en un taller de moda londinense, recibe una herencia inesperada. Desconcertada sobre cómo invertir el dinero, encuentra un anuncio en una revista: una señora busca socia para convertir su mansión en pensión de estudiantes. Sin pensarlo mucho, Hilda escribe y recibe respuesta. Así comienza su aventura, que la llevará desde su cuarto alquilado en Camden Town hacia los campos de Buckinghamshire.
Hilda Baker es una mujer de mediana edad que ha trabajado durante más de dos décadas en un pequeño taller de patrones de moda en el West End londinense. No es brillante ni sofisticada, pero su vida ha sido ordenada y rutinaria: cada mañana sale hacia el Strand, gana tres libras y quince chelines a la semana, ocasionalmente va al teatro. A pesar de estar rodeada de museos, galerías y lugares históricos de Londres, su mundo se ha limitado a muy pocos espacios: su pequeña habitación alquilada en Camden Town, el taller y poco más. Se viste con mal gusto deliberado, adora los sombreros ridículos y los collares horribles, y ha renunciado a todo lo que otras mujeres desean: belleza, amor, una vida más plena. Huérfana de padres, carece de una red social amplia, pero parece contenta así. Durante veintiún años ha ahorrado pacientemente de su modesto salario. Cuando su tío, dueño de una pequeña tienda de abarrotes, muere, le hereda doscientas libras que se suman a sus ahorros. Esa suma, casi cuatrocientas libras, le parece una fortuna, pero la angustia: no sabe qué hacer con ese dinero. Una tarde de invierno, aquejada de una terrible neuralgia y bajo amenaza de nieve inminente, acude al dentista. En la sala de espera, hojeando una revista de moda, descubre un anuncio en la columna “La mano amiga”: una señora propietaria de una mansión amueblada cerca de Reading busca a una mujer con capital para convertir la propiedad en una pensión para estudiantes. Hilda, sin pensarlo, recorta el anuncio y esa misma noche escribe una carta ofreciendo su dinero. Su amiga Lily Worrall, encargada del taller, le advierte que es inútil, pero Hilda siente una extraña certeza. Una semana después llega la respuesta desde Bassett, Buckinghamshire. La señorita Eleanor Amy Padsoe, propietaria de “La Torre”, escribe que la carta de Hilda es la más adecuada entre todas las recibidas. Su misiva es peculiar: llena de detalles sobre la casa, el terreno, sugerencias sobre estudiantes indios e invitación a que Hilda viaje a Reading. Desconcertada pero decidida, Hilda acepta. El domingo por la mañana toma un tren bajo un manto de nieve, imaginando su nueva vida. Pero al llegar descubre que los autobuses no funcionan los domingos, y el gasto de un taxi representa un verdadero dilema para quien en toda su vida se ha subido en uno apenas cuatro veces.