Desde su despacho en el piso treinta y nueve, Conrad Benton observa a una joven corretear con un niño entre los tulipanes. Esa visión despierta en el empresario exitoso pero solitario una necesidad visceral: querer una familia.
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Desde su despacho en el piso treinta y nueve, Conrad Benton observa a una joven corretear con un niño entre los tulipanes. Esa visión despierta en el empresario exitoso pero solitario una necesidad visceral: querer una familia. Poco después, descubre que Alicia es la hijastra de su empleado. Ella, a sus veinte años, sueña con la maternidad. Él, casi doblando su edad, está dispuesto a cualquier cosa para convertir ese sueño en realidad. Entre ellos no hay protección, solo el ardiente impulso de crear una vida juntos.
Conrad Jeffery Benton había construido un imperio profesional y acumulado una fortuna considerable, pero su vida personal permanecía vacía. A los treinta y nueve años, rodeado de lujo, poder y todas las comodidades que el dinero podía comprar, algo fundamental le faltaba sin que supiera exactamente qué. Sus relaciones eran superficiales. Sus noches, largas y solitarias. El éxito que tanto había perseguido parecía carecer de significado.
Hasta que una mañana, mientras ignoraba a su madre al teléfono desde su despacho, vio algo que lo transformó. Por la ventana que ocupaba toda una pared, observó a una mujer de largo pelo rubio corriendo detrás de un niño pequeño entre los tulipanes del parque adyacente. La escena lo paralizó: ella levantaba al niño, lo hacía girar en el aire, le plantaba besos sonoros en las mejillas rollizas mientras ambos brillaban de alegría pura. En ese instante, como un placaje arrollador, Conrad comprendió la verdad que le había faltado: deseaba desesperadamente esa vida. No quería más dinero ni éxito. Quería una familia.
Alicia, hija del empleado Henry Walker, había imaginado siempre su camino hacia la maternidad. A los veinte años, mientras sus amigas disfrutaban de la libertad de la juventud, ella sabía con absoluta certeza cuál era su destino: ser madre. Había estudiado empresariales pero soñaba en cambio con montar su propia guardería. Cuidar de su hermano pequeño Hank le había confirmado su verdadero llamado. Lo que le faltaba era encontrar al hombre adecuado: alguien con objetivos similares, un verdadero compañero y no un niño disfrazado de adulto.
Cuando Conrad descubre que la mujer del parque es Alicia, la urgencia lo consume como fuego. Sin protección entre ellos, solo impulso ardiente y deseo desnudo, ambos se mueven hacia un encuentro cargado. Pero la pregunta que acecha bajo la pasión es simple: ¿pueden dos personas unidas únicamente por la necesidad de un bebé descubrir algo más profundo?
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