Mientras Zoe se ata los cordones de sus zapatos con determinación, Daniel entiende lo que ha negado cuatro años: está enamorado de Ivarr. En un mundo donde Alfas y Omegas están destinados a encontrarse, Daniel—un Beta ordinario—es niñero…
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Mientras Zoe se ata los cordones de sus zapatos con determinación, Daniel entiende lo que ha negado cuatro años: está enamorado de Ivarr. En un mundo donde Alfas y Omegas están destinados a encontrarse, Daniel—un Beta ordinario—es niñero de Zoe, hija del Alfa viudo, y ha permitido que su corazón desobedezca las leyes de su propia naturaleza. Un Beta no puede ser lo que un Alfa busca. Su familia ya no acepta su soledad y le presenta candidatas para matrimonio. La atención de Raven, otro Alfa, pone en riesgo la mentira que Daniel ha construido.
En un mundo dividido en castas sobrenaturales—Alfas dominantes, Omegas delicados y Betas ordinarios—Daniel ha disfrutado de la libertad relativa que su posición le ofrece: sin presión de emparejamiento, sin el peso de los celos, sin la urgencia del destino. Pero esa paz se rompió sin que se diera cuenta. Mientras cuidaba a Zoe, la pequeña hija del Alfa Ivarr, mientras lo veía regresar sudoroso del entrenamiento y levantar a su hija con ternura, mientras compartía las tardes simples de deberes y baños, algo dentro de Daniel cambió. Su corazón decidió seguir los pasos de un hombre que nunca lo vería como algo más que un empleado confiable. Ivarr es un Alfa de honor, viudo desde hace años, respetado en el clan. Tiene todo lo que un lobo podría desear: fuerza, respeto, una hija que lo adora. Daniel es consciente de que no puede competir. Su cuerpo de Beta no tiene lo que un Alfa como Ivarr busca. Las estructuras de su mundo no lo permiten. Los Alfas buscan a los Omegas, seres que huelen diferente, que tienen cuerpos delicados, que pueden darles lo que su naturaleza de depredador exige. Daniel no es eso. Y entonces llegan las presiones. Su familia ya no puede mantener la ficción de que su soltería es una elección. Sus padres presentan candidatas: todas Betas, todas dispuestas a casarse, todas esperando que Daniel simplemente acepte el futuro que le han diseñado. Mientras Daniel fotografía esas caras de mujeres que no lo conocen, conoce a Raven: otro Alfa, divertido y peligroso, cuya atención lo persigue de manera que no puede ignorar. Raven lo marca sin su consentimiento con sus feromonas, lo deja cubierto con un olor que podría arruinar todo lo que Daniel ha construido. Y luego está Jason, el amigo de Ivarr, quien invita a Daniel a entrenar, provocando en el Alfa una reacción que Daniel nunca imaginó: celos. Ivarr ordena que no irá. No como sugerencia, sino como orden. Como Alfa dominante, tiene derecho. Y lo peor es que una parte de Daniel, su lobo interior, quiere obedecer.