En la paja de los establos, Bethia contempla los débiles chillidos de una camada recién nacida cuando un grito desgarrador quiebra la paz. Un hombre enorme, desesperado, corre hacia el castillo: su perra Wynda ha sido apuñalada.
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En la paja de los establos, Bethia contempla los débiles chillidos de una camada recién nacida cuando un grito desgarrador quiebra la paz. Un hombre enorme, desesperado, corre hacia el castillo: su perra Wynda ha sido apuñalada. Sin dudar, la joven sanadora de animales responde al llamado. A través del cuidado que dedica a salvar la vida de la mascota, descubre algo inesperado en Donnan, el solitario que vive en las montañas. Pero cuando los guardias del clan interrogan sobre el atacante, emerge una verdad inquietante: el hombre que porta un odio profundo hacia los Ramsay podría haber regresado.
La tarde es tranquila en la fortaleza Ramsay cuando Bethia se sienta entre la paja junto a los cachorros recién nacidos. Es un momento de paz que se quiebra con un grito desgarrador que resuena desde el otro lado del muro. Sin pensar, la joven sale corriendo para descubrir qué criatura ha emitido un sonido de dolor tan terrible.
Lo que encuentra no es un animal sino Donnan, un hombre enorme de barba castaña que corre desesperado hacia las puertas del castillo. Su perra Wynda, un lebrel de pelaje rojo oscuro, ha sido apuñalada por un extraño en circunstancias confusas mientras cazaban en el bosque. El hombre está destrozado, apenas capaz de articular palabras.
Aunque sus primeras impresiones de Donnan son inquietantes —su tamaño, su apariencia desaliñada, la intensidad de su dolor—, Bethia no duda. Es sanadora de animales, un don que heredó de su madre Brenna, y responde de inmediato. Junto con su madre, se adentra en el bosque hacia la cabaña que Donnan construyó él mismo, una casa sorprendentemente espaciosa y bien hecha, reflejo de las habilidades de un hombre que trabaja con sus manos.
Durante la intervención para salvar a Wynda, mientras extrae el puñal de la herida y después de suturar cuidadosamente, Bethia revela una compasión que hace que Donnan la mire como si hubiera tocado algo profundo en su ser. No es solo lo que hace, sino cómo lo hace: con certeza, con gentileza, con una dedicación que toca el corazón de un hombre que ha aprendido a vivir solo, abandonado por su esposa años atrás.
Cuando Bethia promete regresar al día siguiente para comprobar que Wynda se recupera bien, Donnan la observa con una gratitud que va más allá de lo que ella ha hecho por su mascota. Algo ha despertado en él; algo que creía dormido para siempre.
Pero la paz de esta conexión naciente se quiebra cuando Torrian, el laird, llega junto a su tío Logan, acompañados por una comitiva de guardias. Las preguntas que formulan sobre el atacante revelan un miedo subyacente: el hombre que apuñaló a Wynda podría no ser un bandido ordinario. Su nombre, Bearchun, despierta un reconocimiento en la mente de Torrian, un hombre que porta un odio antinatural hacia los Ramsay. Un hombre que, según creían, se había ido, pero cuya repentina reaparición amenaza con traer consigo violencia y venganza.