En la desolada región de La Miseria, un capitán veterano lidera una compañía de mercenarios en la caza de dos fugitivos que huyeron a este territorio hostil y casi inhóspito.
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En la desolada región de La Miseria, un capitán veterano lidera una compañía de mercenarios en la caza de dos fugitivos que huyeron a este territorio hostil y casi inhóspito. Tras días de persecución ardua, los descubren dentro de un barranco oscuro, pero lo que encuentran no es una simple captura: los objetivos están muertos, sin heridas aparentes, solo cubiertos de sangre seca. Peor aún, una misteriosa huella en la arena sugiere la presencia de algo mucho más peligroso que cualquier humano.
Alguien delató a los fugitivos. Cuando la compañía de mercenarios llega a su refugio en Valengrado, encuentra solo una casa vacía y volúmenes de poesía prohibida. Los simpatizantes han desaparecido, huyendo hacia el este, hacia La Miseria: un territorio desértico y corrupto donde el cielo mismo está dañado, surcado por grietas que a veces producen sonidos perturbadores. El capitán Galharrow, un veterano de muchas campañas, reúne una docena de hombres —estúpidos y codiciosos según su propia valoración— para rastrearlos.
La persecución los lleva más allá de los límites conocidos de la civilización. La Miseria apesta a desolación: arena negra y roja, piedra seca, un veneno en el aire que se filtra en las encías. Algunos de los reclutas están aterrados, otros desmoralizados. Después de tres días, asombrosamente, los perseguidores siguen sin alcanzar a los fugitivos, pese a haber perdido uno de sus caballos a las criaturas del lugar.
El astrólogo de la compañía, Tnota, predice que los fugitivos se dirigirán al Barranco del Polvo, una grieta profunda en la tierra que refleja las heridas del cielo. Galharrow lleva consigo a Nenn, una soldada sin nariz que lleva una prótesis de madera y que mastica savia negra para mantener las apariencias. Juntos descienden a la oscuridad del barranco, donde hallan un pequeño campamento. Pero los objetivos no se encuentran vivos: están sentados contra la roca, muertos, con sangre saliendo de sus narices, oídos y bocas. No hay heridas aparentes.
El misterio se oscurece cuando Galharrow nota algo en la arena: una pequeña pisada, del tamaño de la de un niño, pero que no pertenece a ninguno de los dos muertos. Es posible que haya sido hecha por un Elegido, criaturas de La Miseria que son mucho más peligrosas que cualquier enemigo humano. La calma profesional de Galharrow se quiebra ante la posibilidad de que algo mucho más terrible haya estado aquí.