Dagger se desangra en un bar de estación espacial, mirando la muerte como alivio inevitable. Cuando ve a un chico vendido como esclavo, algo en él rechaza la indiferencia.
Descargar
Dagger se desangra en un bar de estación espacial, mirando la muerte como alivio inevitable. Cuando ve a un chico vendido como esclavo, algo en él rechaza la indiferencia. En su último acto elige ser quien nunca fue: el hombre capaz de sacrificarse. Pero ese rescate desata fuerzas entre la leyenda y la realidad que lo transformarán.
En los confines del universo de La Liga, Dagger Ixur se desangra en un bar sombrío donde convergen las peores alimañas de los Nueve Mundos. Una herida de cuchillo envenenado lo consume desde adentro, y ha aceptado que estos serán sus últimos momentos. La idea de morir abandonado, sin familia que lo reclame, sin amigos que lo lloren, ya no le causa inquietud.
Hasta que observa a un chico encadenado siendo vendido como mercancía a los traficantes.
El muchacho de cabello rubio platino evoca en él la memoria del hermano perdido, y Dagger enfrenta una encrucijada: permitir que su muerte sea un final solitario o levantarse una última vez para rescatar a ese niño. Elige el sacrificio. Es un acto que lo destruye, pero también lo reclama.
Lo que Dagger desconoce es que ha puesto en movimiento algo vastamente mayor que él. El muchacho al que salva es hijo de Ushara, una mujer Tavali cuya devoción por su hijo no reconoce límites. Y el chico, al ver desvanecerse en el piso a su salvador sangrante, guarda un secreto capaz de reescribir todo: sabe exactamente quién es este hombre.
Mucho antes, en las leyendas más antiguas de Andaria, susurraban los guerreros sobre los Dagger Ixur: seres nacidos de la maldición de una diosa, condenados a renacer cada atardecer para perseguir a quienes han traicionado a sus madres. Creaturas imparables, dioses oscuros cuya furia jamás cesa. Pero Dagger no es leyenda. Es un hombre que fue príncipe, quien eligió hace años morir como quien era para convertirse en otro. Y al salvar a este chico, descubre que la redención no reside en olvidar, sino en la capacidad de transformarse.