En un puerto de la costa vasca, hace más de tres siglos, un niño aspira el aroma salado de un muelle repleto de pescadores y balleneros. Ese niño es Blas de Lezo, quien llegaría a convertirse en el almirante más notable de la Armada…
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En un puerto de la costa vasca, hace más de tres siglos, un niño aspira el aroma salado de un muelle repleto de pescadores y balleneros. Ese niño es Blas de Lezo, quien llegaría a convertirse en el almirante más notable de la Armada española, a pesar de los reveses corporales que marcarían su vida. Esta biografía traza su trayectoria desde sus orígenes en Pasajes de San Pedro hasta su gloria y marginación posterior, atravesando una época de decadencia hispana y conflictos navales sin precedentes.
Blas de Lezo nace en 1689 en Pasajes de San Pedro, pequeño puerto de la costa guipuzcoana con una larga tradición marinera. Hijo de una familia noble vasca y nieto de armadores, desde la infancia estuvo rodeado de historias de navegantes y exploradores: Elcano, la ruta a Terranova, los bancos de pesca en aguas lejanas. El mar era su destino inevitable.
La biografía lo sitúa en un momento crítico de la historia española. Cuando Blas es apenas un muchacho, la Armada española es una entelequia en ruinas. Carlos II, el Hechizado, reina en una España cercada por la ambición de Francia —representada en la voracidad de Luis XIV— y los ataques de los intereses británicos y holandeses. Cádiz es vejada, las ciudades costeras bombardeadas, las colonias americanas saqueadas. Es un reino débil, acosado, que apenas mantiene la forma.
Desde sus primeros años, Blas decidió ser marino, generando así el primer disgusto a su madre. Su padre y abuelo, con perspicacia, comprendieron que solo la Armada podía ofrecerle camino y honor. No lo tendría fácil. Esta obra recorre su vida en fases claramente diferenciadas: su paso por Tolón y el combate de Vélez-Málaga, sus años con corsarios franceses, su ingreso en la Real Armada, su prolongado y arduo mando en la Armada del Mar del Sur, su regreso glorioso a España con la captura de la Capitana de Argel, y finalmente, su defensa legendaria de Cartagena de Indias, la hoguera que consumiría miles de vidas, incluida la suya.
Lo que distingue a Blas de Lezo no fue la fortuna, sino la absoluta entrega. Maltratado por la vida —cojo, manco, tuerto—, rechazado incluso por sus propios contemporáneos, olvidado posteriormente por una Armada que debería haberlo reverenciado, este marino representa una forma desaparecida de servicio: pericia sin alardes, eficiencia sin reconocimiento, coraje sin gloria fácil.
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