Recorrido de casi setecientos años en los que Roma transformó el mosaico de pueblos hispanos en un territorio unificado. Desde el desembarco de los Escipiones en 218 a.C.
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Recorrido de casi setecientos años en los que Roma transformó el mosaico de pueblos hispanos en un territorio unificado. Desde el desembarco de los Escipiones en 218 a.C. hasta la caída del último emperador romano de Occidente, el libro integra nuevas perspectivas sobre una época que estableció los fundamentos políticos, culturales y lingüísticos que aún vertebran el mundo contemporáneo.
En el año 218 a.C., dos hermanos desembarcan en Empúries, la ciudad griega del noreste de la Península Ibérica. Traen consigo legiones romanas con una tarea específica: interceptar las líneas de suministro del ejercito de Aníbal que opera en Italia. Este desembarco aparentemente táctico inaugura una presencia que se prolongará casi siete siglos y redefinirá completamente el mundo peninsular. Antes de la llegada de Roma, Hispania era un espacio fragmentado de pueblos diversos, cada uno en diferentes fases de desarrollo político y económico. Los íberos ocupaban las costas orientales, organizados en ciudades fortificadas donde el comercio mediterráneo fluía con intensidad. Los celtíberos controlaban el interior, con estructuras complejas de poder y oppida como Numancia que funcionaban como verdaderas proto-ciudades. Los lusitanos del occidente se sustentaban en ganadería y minería, con aristocracias guerreras que organizaban expediciones de saqueo. Los galaicos del noroeste, los astures y cántabros al norte, cada cual con sus lenguas propias y modos de vida específicos. Junto a ellos, las colonias fenicias y griegas salpicaban las costas, buscando minerales y nuevos mercados. La transformación que traería Roma no fue simple imposición. Junto con la expansión territorial llegó el latín, que daría origen a futuras lenguas peninsulares como el castellano, el catalán, el gallego y el portugués. Llegaron también sistemas legales, estructuras administrativas y modos urbanos de organización que perduran aún. Pero la relación fue recíproca: Hispania alimentó a Roma no solo con su riqueza mineral y agrícola, sino también con sus hombres: emperadores como Trajano y Adriano, pensadores como Séneca que enriquecieron la cultura romana. Este libro atraviesa casi setecientos años de historia, desde aquel desembarco de los Escipiones hasta la caída del último emperador romano de Occidente en 476. Incorpora las perspectivas más recientes de la historiografía, evitando repetir tópicos obsoletos que han perdurado en síntesis anteriores. Se detiene en momentos decisivos como la resistencia de Numancia, donde la ciudad se convirtió en símbolo de la lucha indígena frente a la máquina romana. No elude el complejo siglo V, frecuentemente omitido en los relatos convencionales, período crucial que marca la transición hacia la Edad Media. Complementa su narrativa con anécdotas y curiosidades históricas que iluminan aspectos de la vida cotidiana y los procesos que moldearon esta época.
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