Un retrato de los orígenes políticos de Benito Mussolini, desde su infancia como hijo de herrero hasta la fundación de los Fascios Italianos de Combate.
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Un retrato de los orígenes políticos de Benito Mussolini, desde su infancia como hijo de herrero hasta la fundación de los Fascios Italianos de Combate. El libro traza cómo un militante socialista, educado en la doctrina revolucionaria de Suiza y el norte de Italia, fue transformado por la Primera Guerra Mundial en impulsor de un movimiento que sintetizaba nacionalismo exaltado con demandas sociales radicales, marcando el comienzo del fascismo italiano.
Un niño expulsado del colegio por conducta indisciplinada, hijo de un herrero de la Romaña cuyas simpatías socialistas conviven con su naturaleza desapacible, crece bajo la impronta paterna de que es preferible pisar que ser pisado. Así comienza el recorrido político de Benito Mussolini, quien de maestro se convierte en agitador revolucionario tras su exilio en Suiza, donde absorbe la doctrina de la insurrección obrera entre círculos socialistas internacionales. En esas redes de exiliados revolucionarios, frecuentados también por integrantes del movimiento bolchevique, Mussolini encuentra sustancia teórica y práctica que lo moldea como figura política. De regreso a Italia en 1904, Mussolini destaca por su oratoria apasionada y su capacidad de conexión con el pueblo. Rápidamente ascende en las filas del Partido Socialista, siendo designado director del periódico Avanti, el órgano más influyente del socialismo italiano. Desde esa tribuna difunde un socialismo revolucionario que despierta reconocimiento incluso en Lenin, quien ve en él un verdadero profesional de la revolución política. Su estilo campechano y directo lo distingue en el campo de la izquierda, ganando adeptos en las capas obreras con su prédica de confrontación violenta contra el sistema burgués. La Primera Guerra Mundial marca el quiebre definitivo de Mussolini con el Partido Socialista. Mientras los socialistas abogan por la neutralidad, Mussolini abraza la intervención, convencido de que la guerra puede lograr la unidad nacional de los italianos. Esta divergencia irreconciliable lo lleva a su expulsión del partido en 1914. Pero encuentra apoyo entre nacionalistas de derecha e intelectuales influyentes. Funda Il Popolo d’Italia para expresar el intervencionismo de izquierda, convirtiéndose en portavoz de una corriente híbrida de revolucionarios descontentos y nacionalistas emergentes. Tras su participación en la Primera Guerra Mundial, durante la cual resulta gravemente herido, Mussolini regresa a la vida política transformado. En marzo de 1919 funda los Fascios Italianos de Combate, un movimiento que sintetiza nacionalismo exaltado con demandas sociales radicales: jornada laboral de ocho horas, voto femenino, nacionalización de fábricas de armamento. El movimiento predica la violencia como instrumento regenerador capaz de romper con el orden establecido. Conforme crece en militancia y presencia callejera, atrae a derechistas desvinculados del radicalismo inicial, desplazando gradualmente el movimiento hacia posiciones de derecha y consolidando, paso a paso, el nacimiento del fascismo italiano.
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