Una llamada telefónica irrumpe en la oficina del narrador. Un sacerdote francés que se presenta como Le Père de Trennes solicita una cita. Así comienza una amistad turbadora con un religioso que desafía toda categoría: elegante ejecutivo…
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Una llamada telefónica irrumpe en la oficina del narrador. Un sacerdote francés que se presenta como Le Père de Trennes solicita una cita. Así comienza una amistad turbadora con un religioso que desafía toda categoría: elegante ejecutivo con foulard de marca, traductor de Kavafis, hombre de la Santa Obra cuya sonrisa oculta secretos. A través de encuentros en bares de La Rambla donde los pasodobles inflaman los ánimos, la novela teje un relato sobre la literatura, el deseo y la persistencia de identidades espectrales que habitan entre épocas.
En la Barcelona bohemia de mediados del siglo veinte, un escritor castigado por sus correrías nocturnas recibe una llamada inesperada: un sacerdote francés, Le Père de Trennes, íntimo de María Zambrano y Gustavo Durán, desea verlo. Lo que comienza como una reunión intelectual se transforma en el descubrimiento de una figura enigmática que vive en contradicción permanente. Religioso de la Santa Obra, versado en griego clásico y arameo, pero también traductor de Kavafis, hombre de elegancia furtiva que pasea su contradictoria naturaleza por los salones de San Gervasio y los bares de La Rambla. Las noches que comparten el narrador con el Père son noches de transformación: bajo la influencia de ginebras sucesivas, servidas con precisión para disolver inhibiciones, el sacerdote se convierte en bailarín, en torero, en confesor de deseos que la moral eclesiástica prohíbe. Sus risillas culpables y sus alusiones a adolescentes helenos revelan una vida que existe en los márgenes de lo decible. Los años transcurren. El personaje reaparece con un nuevo nombre: Fray Bugeo, una identidad historiada que lo vincula con una obra medieval satírica, La Carajicomedia, texto de oscura antigüedad cuyos anacronismos sugieren que el tiempo no rige para esta figura. El Père ha llegado a París, preparando una novela experimental que mezcla la historia de la sexualidad con el lenguaje eclesiástico medieval, un proyecto donde la «libido textual» busca parodiar la hipocresía religiosa desde adentro. La novela que el lector sostiene juega con la superposición de temporalidades: historias verídicas y legendarias se entretejen, identidades se transmutan, y las fronteras entre lo vivido y lo narrado se desvanecen.