El viernes 25 de abril de 1986, Simyon Smin, director técnico de la central nuclear de Chernobyl, recibe delegados yemeníes. Mientras pronuncia su discurso, su secretaria le desliza una nota: un experimento ha sido programado para esa…
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El viernes 25 de abril de 1986, Simyon Smin, director técnico de la central nuclear de Chernobyl, recibe delegados yemeníes. Mientras pronuncia su discurso, su secretaria le desliza una nota: un experimento ha sido programado para esa tarde. Entre las turbinas que zumban, Smin desconoce que las próximas horas desencadenarán una catástrofe de proporciones históricas. Frederik Pohl teje una novela de ficción anclada en hechos reales para explorar cómo la ambición, los sistemas bureaucráticos y las vulnerabilidades humanas convergen en el desastre.
La tarde del viernes 25 de abril de 1986, Simyon Smin, director técnico de la central nuclear de Chernobyl, se prepara para un día que aparentemente transcurre como tantos otros. En la sala de conferencias, recibe a una delegación de Yemen del Norte interesada en adquirir reactores nucleares. Con la sonrisa habitual de quien ha pronunciado este discurso cientos de veces, Smin los guía a través de fotografías y estadísticas, hablando del orgullo de la energía atómica soviética. Pero entre líneas, su secretaria desliza una nota: el experimento programado está a punto de comenzar.
Chernobyl no es solo una central eléctrica. Es una ciudad dentro de Ucrania oriental, un complejo de cuatro gigantescos reactores RBMK-1000, cada uno capaz de producir mil megavatios, rodeado de almacenes, talleres, cafeterías y espacios para los cuatro mil hombres y mujeres que trabajan allí. Smin ha dedicado años a perfeccionarla, a conseguir acero sin defectos, cables bien construidos, los mejores frutos de los koljozes vecinos para las cocinas. Su dedicación es incansable, aunque a menudo le exija el soborno y la presión.
Los tiempos, sin embargo, son nuevos. Gorbachov ha promovido la glasnost, la sinceridad y la apertura. No hace mucho, Luba Kovalevska publicó un artículo crítico denunciando fallos de diseño, materiales inseguros, falta de disciplina. Cuando los yemeníes mencionan el reportaje, Smin responde con aplomo: los reactores RBMK son completamente seguros; la Unión Soviética nunca ha tenido un accidente nuclear. Niega rotundamente lo que sucedió en Kyshtym en 1958, aunque duda de sí mismo al hacerlo.
Fedrik Pohl ha construido una novela de ficción que toma los hechos reales del desastre de Chernobyl de 1986 como su punto de partida. Mediante personajes ficticios, explora cómo la ambición, la burocracia soviética, las vulnerabilidades humanas y la ilusión de control convergen en una catástrofe. La obra penetra en la atmósfera de la central, en la mente de quienes la gobiernan, en el momento exacto antes de que todo cambie. Con serenidad y humanidad, Pohl examina una de las tragedias tecnológicas de nuestro tiempo, mostrando no solo los hechos, sino las personas que vivieron sus consecuencias.