El juez Melbourne presencia cómo Miller, condenado a muerte, es llevado a la horca. Burla mordaz del reo sobre el magistrado y su esposa logran enrarecerlo, pero antes de ejecutar la sentencia, aparece la señorita Russell: armada, con…
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El juez Melbourne presencia cómo Miller, condenado a muerte, es llevado a la horca. Burla mordaz del reo sobre el magistrado y su esposa logran enrarecerlo, pero antes de ejecutar la sentencia, aparece la señorita Russell: armada, con autorización del gobernador para librar de la muerte a ciertos condenados. Miller cree escapar, pero Russell revela su verdadero propósito: es investigadora que experimenta con vacunas contra la peste bubónica, y necesita sujetos de prueba. Él será el cuarto, tras tres anteriores que no sobrevivieron. Paralelamente, el pistolero Kennedy, perseguido por sicarios que buscan venganza, viaja hacia Wimbledon decidido a cumplir una apuesta: debe pagar cien dólares a Miller antes de que lo cuelguen.
Bajo la luz de una noche despejada, en el árbol de la ejecución, el juez Melbourne observa cómo se ajusta la soga alrededor del cuello de Miller. El condenado, quien enfrenta la muerte con una seguridad sorprendente, no pierde la oportunidad de burlarse del magistrado: hace alusiones a su whisky robado y, más aún, a sus encuentros furtivos con la esposa del juez. Melbourne, furioso, está a punto de acelerar la ejecución cuando un disparo en el aire detiene todo. Aparece la señorita Russell, una mujer de belleza inquietante armada con un revólver y portadora de una autorización especial del gobernador. Su misión es particular: tiene permiso para rescatar de la muerte a hombres jóvenes y fuertes que le interesen, presentando recibos formales por su liberación. Miller, sorprendido pero aliviado, es conducido a la residencia de Russell, donde espera continuar su improvisada aventura. Su entusiasmo se desmorona cuando es llevado a una habitación que alberga docenas de ratas gordas y hambrientas, portadoras de la peste bubónica. Russell revela entonces su verdadera naturaleza: es investigadora, alumna del doctor Caldwell, y ha dedicado años a desarrollar una vacuna contra la enfermedad más devastadora que conoce. Necesita sujetos de experimentación, y los condenados a muerte son sus candidatos ideales. Miller será el cuarto ensayo. Los tres anteriores no sobrevivieron. Las tumbas de sus predecesores aguardan tras los árboles de su propiedad.
Mientras Miller enfrenta esta aterradora verdad, en los pueblos fronterizos circula otra historia. Kennedy, un pistolero de precisión letal, viaja hacia Wimbledon cuando es interceptado por dos hombres armados. Estos persiguen a Kennedy en nombre del señor Bradley, quien busca venganza por la muerte de su hermano, ocurrida años atrás durante una feria de ganado. Kennedy explica sin remordimiento que ejecutó al hermano porque este había asesinado por la espalda a una mujer que le interesaba. Sin esperar más palabras, ambos hombres desenfundan. Kennedy dispara sin extraer su arma de la funda, un movimiento de precisión técnica y brutal que mata a ambos. En el saloon cercano, donde la pólvora aún flota en el aire, Kennedy anuncia una ronda de bebidas. Pero no está celebrando su victoria. Preocupado, el cantinero le advierte que Bradley enviará una legión de pistoleros tras sus pasos. Kennedy, sin embargo, no puede desviarse de su ruta. Debe llegar a Wimbledon porque tiene una deuda de honor: debe pagar cien dólares a Miller antes de que lo cuelguen.
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