En un pueblo inglés donde los secretos no existen, Hester Lattimer llega sola a la Casa de la Luna, una propiedad que promete libertad pero que la expone completamente.
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En un pueblo inglés donde los secretos no existen, Hester Lattimer llega sola a la Casa de la Luna, una propiedad que promete libertad pero que la expone completamente. Su pasado marcado por el escándalo la ha dejado con poco más que dinero y determinación. Cuando Guy Westrope, conde de Buckland, decide pasar el invierno en la mansión vecina, el equilibrio frágil de su retiro comienza a tambalear.
En diciembre de 1814, el pueblo de Winterbourne St Swithin se ve alterado por dos sucesos en rápida sucesión. Primero llega Hester Lattimer, una mujer joven que toma posesión de la Casa de la Luna, una pequeña propiedad que había permanecido abandonada durante años. Su llegada desata especulaciones frenéticas: ¿quién es esta dama que viaja con apenas una maleta y un mozo de cuadra? ¿De dónde viene su dinero? ¿Por qué elige vivir sola en un rincón rural cuando una mujer de su evidente educación podría aspirar a algo mayor?
Las amas de casa del pueblo tejen historias sobre Hester casi antes de que termine de desempacar. Los rumores sugieren viudez, aunque no hay evidencia de un marido fallecido. Otros susurran sobre un protector en Londres que la ha abandonado a su suerte. Lo que nadie sabe es que Hester carga con un escándalo real pero guardado celosamente: fue protegida por un hombre que la amaba, y su muerte reciente la ha dejado con dinero suficiente para una independencia frágil pero posible.
Poco después, otro suceso sacude al pueblo. Guy Westrope, conde de Buckland, alquila Old Manor, la mansión principal. Su aparición en invierno, cuando cualquier noble respetable debería estar en sus posesiones principales o disfrutando de la compañía de sus iguales, desata nuevas conjeturas. ¿Huye de acreedores? ¿Busca retiro? ¿Persigue a alguien?
Cuando Guy se presenta en la puerta de la Casa de la Luna, el destino comienza a tejer un encuentro cargado de tensiones invisibles. Hester abre con polvo de limpieza aún en su ropa, sin pretensiones ni artificio. Guy, acostumbrado a cierta pompa, la toma por una criada; pero algo en su mirada, en el humor apenas contenido de su boca, lo intriga de manera inesperada. Hester, a su vez, reconoce en él a alguien poderoso que podría deshacer su cuidadosamente construida paz si llegara a conocer la verdad de quién es ella.
Este primer encuentro, breve y aparentemente informal, es el inicio de un juego más profundo. En un mundo gobernado por reglas sociales inquebrantables, donde el escándalo marca de por vida y la soledad de una mujer sin protección es su mayor vulnerabilidad, dos seres con historias ocultas comienzan a orbitar alrededor del otro. El pueblo observa, especula y aguarda lo que sin duda llegará.
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