Después de años en una isla, un narrador-escritor recibe el mensaje que lo convoca de vuelta a Alejandría. Lleva consigo a una niña, hija de dos de sus amigos.
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Después de años en una isla, un narrador-escritor recibe el mensaje que lo convoca de vuelta a Alejandría. Lleva consigo a una niña, hija de dos de sus amigos. Mientras aguarda la partida, entrevera sueños y memorias sobre la ciudad que abandonó, meditando sobre la imposibilidad de fijar la realidad en palabras. Un mensajero le trae noticias de cambios devastadores: la guerra ha cobrado sus víctimas entre sus amigos más cercanos, la ciudad lo reclama de nuevo para un último encuentro, definitivo.
Las naranjas de la isla brillan entre las hojas verdes, despidiéndose de quien pronto partirá. Un escritor que se ha ausentado durante años de Alejandría ha llegado a esta isla, trayendo consigo sus manuscritos y la obsesión de registrar una ciudad que nunca ha podido fijar completamente en palabras. La llegada del mensajero —un barbero enriquecido y algo grotesco, envuelto en un traje plateado— marca el inicio de una transformación: el regreso a Alejandría es posible, el reencuentro inevitable.
El narrador no parte solo. Lleva a una niña, hija de Nessim y Melissa, cuyos padres forman parte del círculo de amigos que ha definido su vida. A través de cuentos y mitos, ha preparado a la niña para este viaje, para conocer a sus parientes y para habitar ese mundo que ella apenas entrevé. Los últimos días en la isla transcurren en una tensión: el paisaje griego sereno de almendros y olivos frente a Alejandría, la ciudad que ha ocupado cada pensamiento durante su ausencia.
El narrador reflexiona sobre el fracaso de su obra: no ha logrado fijar la verdad de la ciudad en el papel. Cada intento de registrar y codificar se desmorona cuando nuevas formas de conocimiento irrumpen, desarticulando las estructuras construidas. Sin embargo, ese fracaso ha sido su verdadera educación. Ha aprendido a vivir en el presente, en el instante esquivo que no puede registrarse pero tampoco despreciarse.
Las noticias que trae el mensajero sobre Alejandría son graves. La guerra ha transformado todo. Nessim ha perdido un ojo en un bombardeo y conduce una ambulancia en el puerto. Justine permanece detenida, ausente durante lo que parece una eternidad. Los bienes de la familia han sido confiscados, han caído en la pobreza. Balthazar ha estado gravemente enfermo. Otros han muerto. La ciudad de amores y deseos, de intriga y búsqueda de sentido, ha sido transformada por la historia.
El regreso es un enfrentamiento final. El narrador debe revivir la experiencia, ver de nuevo los rostros alterados de sus amigos, pisar las calles que lo han atormentado. Es un acto necesario para poder abandonar Alejandría para siempre, para liberarse de ella. La novela comienza en el umbral de ese regreso, cuando el pasado está a punto de ser alcanzado por la realidad presente.