Una noche helada de enero, Toby Dyke llega a Redvers buscando a John Lestarke-Toye. Encuentra la mansión cerrada y oscura, pero logra entrar descubriendo un escenario de caos absoluto: muebles volcados, sangre manchando la alfombra,…
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Una noche helada de enero, Toby Dyke llega a Redvers buscando a John Lestarke-Toye. Encuentra la mansión cerrada y oscura, pero logra entrar descubriendo un escenario de caos absoluto: muebles volcados, sangre manchando la alfombra, agujeros de bala en las paredes. En medio de la devastación, John permanece sentado ante su escritorio con las manos entrelazadas y una sonrisa serena. Está muerto. Lo que comenzó como una simple visita se convierte en un enigma imposible: ¿cómo pudo ocurrir tanta violencia sin dejar la menor marca en el cuerpo de la víctima?
Una noche de enero particularmente fría, Toby Dyke se dirige hacia la mansión Redvers, perdida entre senderos rurales. Tras una accidentada travesía desde Londres, espera una reunión ordinaria. Lo que encuentra adentro lo sumergirá en un misterio sin precedentes.
La casa se presenta en absoluta oscuridad y silencio. Ninguna puerta responde. Toby consigue acceder por una ventana trasera y descubre un escenario de incomparable devastación: muebles volcados, flores pisoteadas, fragmentos de espejo diseminados, ceniza y sangre en la alfombra. Hay agujeros de bala en las paredes. Pero el verdadero horror radica en lo que desafía toda lógica: en medio de este caos, John Lestarke-Toye permanece sentado ante su escritorio en perfecta calma, las manos entrelazadas, los ojos cerrados, con una sonrisa apacible. Está muerto.
Su ropa impecable, sin arrugas ni manchas, sin el menor signo de lucha, contrasta de manera horrorosa con la batalla que lo rodea. ¿Cómo experimentó un hombre violencia semejante sin que su cuerpo revelara marca alguna?
Las investigaciones revelan nuevos enigmas. John se había casado recientemente con Lilí Danos, quien ahora ha desaparecido. Entre las habitaciones de huéspedes, Toby descubre un equipaje de J. Porter Ugbrook, nombre que le causa alarma. En la habitación de este visitante halla fragmentos de una carta quemada en la que John pide desesperada ayuda a alguien de total confianza.
Elizabeth Ferrars teje una novela donde la pregunta fundamental es imposible: no quién mató, sino cómo fue posible. El cuerpo sereno de un hombre muerto entre destrozos se alza como el enigma supremo.
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