Un narrador es acorralado en la calle por una multitud que exige la historia del parto de los montes. Arreola reúne cuentos donde lo absurdo desafía la realidad: un conjuro produce un ratón vivo, un profesor promete pasar un camello por el…
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Un narrador es acorralado en la calle por una multitud que exige la historia del parto de los montes. Arreola reúne cuentos donde lo absurdo desafía la realidad: un conjuro produce un ratón vivo, un profesor promete pasar un camello por el ojo de una aguja mediante desintegración molecular. Prosa de ingenio satírico, donde lo imposible burla la credulidad con sutileza.
Trepado en su banquillo, un narrador relata la historia del parto de los montes en plena calle. Ha sido acorralado durante años por una multitud ansiosa; al fin cede y, en trance genuino, produce de su axila un ratón vivo que une a la muchedumbre en asombro. Una mujer se lo lleva para sorprender a su gato. Este es el umbral de Confabulario, la edición definitiva donde Arreola reúne sus cuentos maduros tras décadas tejiendo historias. Nacidos de su obsesión por el lenguaje, cultivada en la infancia zapoteca entre volcanes y milpas, forjada en talleres de encuadernación, imprentas y escenarios parisinos, estos relatos desafían el borde entre lo real y lo imposible. Lo verídico vira a magia; lo científico se torna farsa; la credulidad humana queda expuesta con tono sereno. En ‘En verdad os digo’, el profesor Arpad Niklaus anuncia un proyecto revolucionario: desintegrar un camello vivo mediante técnica molecular y hacerlo pasar por el ojo de una aguja en chorro de electrones para recomponerlo intacto. Su lógica es implacable; sus cifras, astronómicas. Organiza colectas mundiales, busca financiamiento, planea plantas atómicas del tamaño de ciudades, estima décadas de trabajo. El experimento es viable, dice, apenas requiere dinero y paciencia. La iglesia promete salvación eterna; Niklaus la ofrece también, pero mediante física cuántica. Los ingenuos invierten. Los estafadores copian su método disolviendo camellos en ácido y destilando el líquido por la aguja. El relato teje una sátira donde la falsedad nace de gestos de sobria inteligencia. Arreola observa su tiempo desde un lugar peculiar: pasó años en las imprentas del Fondo de Cultura Económica, corrigiendo pruebas, cercano a los libros como objetos manufacturados. Sus cuentos llevan esa marca: pulidos, precisos, donde cada frase sostiene múltiples sentidos.