Un Chrysler desvencijado avanza por un camino árido del sur de Texas, llevando a un perro con el hocico envuelto en alambre. Su conductor, un hombre herido, lo abandona atado a un poste.
Descargar
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.
Un Chrysler desvencijado avanza por un camino árido del sur de Texas, llevando a un perro con el hocico envuelto en alambre. Su conductor, un hombre herido, lo abandona atado a un poste. Zane Atwood y su hijo Carter lo rescatan y deciden salvarlo, convirtiéndolo en Tank, su perro de caza. Pero en el mismo territorio, otro perseguidor acecha, y su violencia entrelazará irrevocablemente los destinos de todos ellos.
Un Chrysler azul celeste, destartalado y oxidado, abre surcos en el polvo de un camino despavimentado del sur de Texas. Su interior es un caos de latas de cerveza, restos de comida y herramientas esparcidas. El conductor, un hombre herido en el brazo izquierdo y con apenas una mano útil, lleva un perro blanco al que ha amordazado brutalmente con alambre. Tras leer un letrero que anuncia la venta de cerdos en el Rancho Atwood, abandona al animal atado a uno de los postes, dejándolo a merced del desierto.
Zane Atwood y su hijo Carter descubren al perro en el borde del camino, después de espantar a los coyotes que lo atacaban. Conmovidos por su situación, pero también pragmáticos, toman una decisión: lo salvarán y lo harán cazador. Si Tank demuestra tener madera de perro de muestra, se lo quedarán; de lo contrario, su destino será sellado. Lo que comienza como un acto de supervivencia se transforma en una relación de confianza que perdura años. Carter crece cazando codornices junto a Tank, heredando las Browning Midas de su padre Zane, escopetas que han permanecido intactas a través de las tribulaciones de su familia.
Pero en las entrañas del mismo territorio, otro hilo narrativo se despliega con oscura urgencia. Royce Maddox, un perseguidor meticuloso y sin escrúpulos, recorre las calles de un barrio desolado, rastreando a sus presas como quien descifra huellas en el lodo. Vestido de traje y corbata en medio de la pobreza, penetra en un tráiler donde aguarda su víctima sumida en la borrachera. Lo que sucede en esa habitación clausurada marca el punto de no retorno: un acto de violencia que teje una red subterránea de consecuencias imposibles de evitar.