Una tarde de noviembre, Javier Salazar descubre por primera vez la comodidad en su propio hogar, en Madrid. A los sesenta y cuatro años, este hombre ilustrado y solitario experimenta una paradoja: aunque vive dedicado a los interiores,…
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Una tarde de noviembre, Javier Salazar descubre por primera vez la comodidad en su propio hogar, en Madrid. A los sesenta y cuatro años, este hombre ilustrado y solitario experimenta una paradoja: aunque vive dedicado a los interiores, rara vez permanece en casa. El encuentro casual con Ramón Durán, un joven barman, en el Parque del Oeste inaugura una relación compleja atravesada por el deseo, la incapacidad emocional y las reflexiones sobre la soledad en la edad madura.
Una tarde de noviembre, en su sala de estar madrileña, Javier Salazar advierte por primera vez una sensación ajena a él: la comodidad plena en su propio hogar. Este descubrimiento, trivial para muchos, constituye una paradoja desconcertante para un hombre que ha dedicado su vida a los espacios cerrados, a oficinas, clubes y tertulias, pero que rara vez ha permanecido en su propia casa. A los sesenta y cuatro años, profesor jubilado de filosofía e historia, acaudalado y respetado, Salazar ha construido una cuidadosa narración de sí mismo: un hombre de soledad elegida, de paseos solitarios por los parques madrileños, de lecturas extensas, de compañías esporádicas y sin compromiso.
El encuentro con Ramón Durán ocurre en el Parque del Oeste, una tarde de sirimiri y temperaturas cercanas al cero. Durán es un joven barman, hermoso, que ha pasado por cárceles y que carga con una historia diferente: ha cuidado desde niño a su madre, y busca encontrar a alguien que ofrezca garantías para transferirle ese cuidado. Entre ambos se trama una relación que Salazar intenta mantener en los términos del deseo solitario, del placer sin compromiso, pero que Durán insiste en nombrar como amistad, como vínculo.
La novela explora la incompatibilidad entre dos formas de entender la existencia: la de Salazar, repleta de reflexiones sobre la inmadurez final, sobre la renuncia a ser amado, sobre la misantropía de la edad madura; la de Durán, aún en expansión, buscando lugar en el mundo, ofreciendo un cuidado que Salazar rechaza. En la tensión entre ambos emerge una indagación sobre qué queda de la sexualidad, la intimidad y el vínculo humano cuando se ha perdido la capacidad de amar o de permitirse ser amado.