Catalina Gutiérrez contempla cómo su vecino asesina a sus dos gallinas. En Igualeja, pueblo andaluz de 1924, ella vive con su prima Paca y su sobrino huérfano, hijo de su hermana María y un médico inglés que nunca volvió.
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Catalina Gutiérrez contempla cómo su vecino asesina a sus dos gallinas. En Igualeja, pueblo andaluz de 1924, ella vive con su prima Paca y su sobrino huérfano, hijo de su hermana María y un médico inglés que nunca volvió. Entre la pobreza extrema, un trabajo denigrante y un vecino vengativo, estas tres mujeres luchan por sobrevivir mientras el pueblo las condena por un pecado que fue solo abandono.
En Igualeja, pueblo andaluz de 1924, Catalina Gutiérrez sostiene en sus brazos a su pequeño sobrino Juan mientras contempla con los ojos enrojecidos de llanto. El niño es huérfano desde hace siete meses. Su madre, María, hermana de Catalina, murió desangrada tras el parto, víctima de una anemia que nadie pudo detener.
María había sido seducida por Thomas Wilson, un médico inglés llegado al pueblo para estudiar plantas medicinales. Durante meses trabajaron juntos en los campos, recolectando hierbas curativas. Thomas le prometió matrimonio y una vida en Inglaterra. Luego desapareció sin volver.
Cuando María descubrió el embarazo, el pueblo entero conspiraba contra ella. Las lenguas afiladas tejieron historias crueles asociándola con varios hombres. Solo Catalina y su prima Paca conocían la verdad. Durante el embarazo, María continuó realizando trabajos agotadores transportando tablas de pan sobre su cabeza. Fue durante uno de esos trayectos cuando se desplomó en la plaza.
Jacinta la Coja, matrona del pueblo, fue quien le comunicó con ternura lo que todas temían. Pero aquella mujer poseía algo raro: la capacidad de ver más allá. A Catalina le dijo palabras de esperanza, recordándole que sus antepasados llevaban una nobleza que el pueblo había olvidado.
Mientras Catalina espera a su prima Paca, dos gallinas escapan hacia la huerta del vecino. Cristóbal Morales, el Cerrojo, llega con sus malos modos e improperios. No es solo un vecino. Es un hombre que disputa la propiedad del huerto, que asedia constantemente a estas mujeres con intención de echarlas del pueblo. Catalina contempla impotente cómo asesina a garrotazos sus dos gallinas y las lanza a un zarzal. Ese capital viviente se pierde.
Las tres viven bajo amenaza permanente. Solo tienen acceso a un trabajo: transportar pan cocido desde el horno. A veces reciben una moneda; a veces, una barra. Recolectan leña en campos municipales. Es el peor trabajo del pueblo, pero el único que las mantiene con vida. En 1924, mientras España se debate entre crisis y pobreza, estas tres criaturas luchan contra una sociedad que las desprecia, un vecino que las acosa y un futuro que nadie se atreve a prometer.
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