A los doce años, tras su primera menstruación, la autora se cortó el vello de su sexo como acto de resistencia contra un destino prescripto. Este gesto íntimo abre un recorrido histórico y transnacional sobre cómo se normalizó el cuerpo…
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A los doce años, tras su primera menstruación, la autora se cortó el vello de su sexo como acto de resistencia contra un destino prescripto. Este gesto íntimo abre un recorrido histórico y transnacional sobre cómo se normalizó el cuerpo menstrual durante el siglo XX mediante la expansión de toallas y tampones descartables. Un análisis que revela cómo estas tecnologías, presentadas como instrumentos de liberación femenina, enmascararon nuevas formas de control y vigilancia del cuerpo de las mujeres en la Argentina y los Estados Unidos.
A los doce años, tras menstruar por primera vez, la autora se cortó el vello de su sexo. En ese gesto de rechazo, sin saberlo entonces, condensaba toda una historia: la de cómo el cuerpo menstrual fue transformado en objeto de vigilancia y control durante el siglo XX. Este libro reconstruye ese proceso mediante un análisis riguroso que comienza en la materialidad más íntima de la biografía personal y se expande hacia las dimensiones históricas, políticas y transnacionales de la menstruación. En el centro de esta investigación se encuentra una paradoja crucial: las toallas y tampones descartables, presentados como instrumentos de liberación femenina, modernidad y autonomía, funcionaron en realidad como sofisticados mecanismos de disciplinamiento. Estos productos, desarrollados principalmente en los Estados Unidos y expandidos globalmente a partir de comienzos del siglo XX, permitieron ocultar la menstruación de manera más efectiva que las alternativas previas. Pero ese ocultamiento no fue neutral. Implicó la consolidación de un ideal de feminidad basado en un cuerpo imposible: el cuerpo a-menstrual. La autora traza una genealogía minuciosa de cómo la industria de productos de higiene femenina, hoy conocida como Femcare, logró transformar las prácticas corporales relacionadas con la menstruación. Analiza cómo esas prácticas se vincularon con nuevas formas de pensar y hablar sobre el cuerpo de las mujeres, cómo se normalizaron estos productos como la única opción viable y moderna, y cómo esa normalización ocultó el estigma que la menstruación ha cargado históricamente. El libro se estructura como un contrapunto entre Argentina y Estados Unidos, ampliándose luego a otros contextos latinoamericanos. Esta comparación revela cómo un proceso que nació en Estados Unidos se adaptó, se resistió y se reformuló en contextos locales diferentes. Pero también muestra que, a pesar de esas variaciones, la lógica fundamental del control corporal mediante la ocultación menstrual logró consolidarse de modo transnacional. En el presente, el cuerpo menstrual se ha convertido en un campo de batalla de discursos en disputa. Por un lado, el activismo menstrual propone nuevas tecnologías de gestión menstrual —copas, productos reusables, anticonceptivos que suprimen el ciclo— que buscan reapropiarse del cuerpo. Por otro lado, la industria se adapta y continúa expandiendo su alcance y sus ganancias. Para entender estas disputas contemporáneas, es necesario conocer la historia que las originó, la historia de cómo un acto de resistencia personal —el gesto de una niña cortándose el vello— condensa siglos de políticas sobre los cuerpos de las mujeres.