En marzo de 1937, el gobernador civil de Las Palmas acusó al profesor Agustín Espinosa de izquierdista. Las acusaciones eran falsas. Este prólogo rescata la figura de un escritor canario marginado por décadas, que en 1934 publicó Crimen,…
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En marzo de 1937, el gobernador civil de Las Palmas acusó al profesor Agustín Espinosa de izquierdista. Las acusaciones eran falsas. Este prólogo rescata la figura de un escritor canario marginado por décadas, que en 1934 publicó Crimen, una novela surrealista que escandalizó la época. El texto analiza la vida contradictoria de un profesor respetable que escribía provocaciones vanguardistas, su rol en la vanguardia cultural canaria de los años veinte y treinta, y cómo fue silenciado oficialmente tras la Guerra Civil mientras su obra permanecía escondida.
Este prólogo a la edición de Crimen reconstruye la figura de Agustín Espinosa, un profesor de literatura de Tenerife cuya obra fue olvidada durante más de ochenta años. En marzo de 1937, el gobernador civil de Las Palmas presentó ante una Comisión Depuradora de Instrucción Pública un expediente contra el escritor, acusándolo de izquierdista y de ser responsable de proyectar una película inmoral y sacrílega en la ciudad. Las investigaciones posteriores demostraron la falsedad de la mayoría de los cargos.
Espinosa era un intelectual singular y contradictorio: por un lado, un profesor respetable, padre de familia, catedrático del Instituto Pérez Galdós de Las Palmas; por otro, un escritor que en 1934 publicó Crimen, una novela surrealista que atravesaba sus páginas con erotismo salvaje, erotismo escatológico y un humor negro que le permitía cuestionar los límites de lo decible en la literatura de su época.
El texto contextualiza a Espinosa dentro de la explosión creativa que vivió Canarias entre 1927 y 1936, cuando la región periférica, entonces culturalmente atrasada, produjo un florecimiento vanguardista que situó a sus artistas en la punta de lanza de la modernidad europea. Alrededor de revistas como Gaceta de Arte se congregaban poetas e intelectuales como Eduardo Westerdahl, Pedro García Cabrera o Óscar Domínguez. Fue en Tenerife donde tuvo lugar la Segunda Exposición Internacional del Surrealismo.
El prólogo revela la contradicción profunda entre la vida pública de Espinosa y su escritura: un señor respetable que fingía ahorcarse con una manguera ante la cámara de sus amigos, un profesor que escribía novelas que sus contemporáneos consideraban obscenas. Tras el golpe militar de 1936, Espinosa fue depurado de su cátedra, vio sus obras escondidas o presumiblemente quemadas, y pasó sus últimos años intentando reincorporarse a su empleo bajo la amenaza de la represión. Murió en enero de 1939, menos de dos años después del golpe, alejado de muchos de sus amigos intelectuales.