Tony Meehan es un escritor fantasma que vive de reescribir memorias de criminales para la editorial Groombridge. Su nuevo encargo es Eddie Doyle, un ladrón de banco que teme ser tergiversado en la narrativa.
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Tony Meehan es un escritor fantasma que vive de reescribir memorias de criminales para la editorial Groombridge. Su nuevo encargo es Eddie Doyle, un ladrón de banco que teme ser tergiversado en la narrativa. Pero mientras Meehan documenta la historia ajena, una verdad mucho más oscura emerge: el escritor fantasma es también un asesino que ha permanecido escondido durante casi una década.
Tony Meehan trabaja como escritor fantasma para la editorial Groombridge, oficio que define con amargura como condenación: toma memorias de criminales retirados y las transforma en bestsellers mediante un proceso de manipulación narrativa que él llama “crimenreal”, robando la neolengua orwelliana. Ha sido periodista de crímenes, editor de revistas especializadas, y ahora es lo que denomina un “fantasma”, invisible pero esencial, borrando su talento literario en historias que no ha vivido. Su nuevo encargo es Eddie Doyle, un legendario ladrón que pasó doce años en prisión sin revelar dónde escondió quince millones de libras en oro robado. Las sesiones de grabación que Meehan conduce son un campo minado: Eddie desconfía profundamente del tono que el escritor fantasma imprime en su narrativa, rechaza ser retratado como un matón violento cuando sus acciones tienen motivaciones complejas. Los pagos son migajas repartidas en cuotas; la editorial manipula constantemente las palabras; Eddie intuye que le han robado mucho más que dinero. Conforme Meehan documenta la historia ajena, su propio pensamiento se retuerce. Reflexiona con inquietud sobre la obsesión contemporánea con los asesinos en serie, sobre cómo la literatura criminal ha adquirido una falsa respetabilidad psicológica, y sobre sus propios años en las redacciones de crímenes. Y luego, paulatinamente, en los intersticios del relato, revela su propia verdad: Meehan ha asesinado, no una sino múltiples veces. Durante casi una década se ha ocultado en la luz pública, usando su invisibilidad profesional como coartada perfecta. Mientras le cuenta a Eddie que es un escritor fantasma —un jinete espectral condenado a perseguir almas ajenas—, Meehan es el verdadero fantasma de la novela, y su propia historia es la única que no puede contar.
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