Sobre los hermanos Chung-shun y Chung-yung, emigrantes chinos en Wellington. Shun trabaja agotado en una tienda de frutas; Yung, recién llegado, tiene dieciocho años y está lleno de sueños imposibles.
Descargar
Sobre los hermanos Chung-shun y Chung-yung, emigrantes chinos en Wellington. Shun trabaja agotado en una tienda de frutas; Yung, recién llegado, tiene dieciocho años y está lleno de sueños imposibles. Entre encuentros con gweilo hostiles, niños que les insultan y el silencioso trabajo diario, los hermanos navegan una tierra extraña donde los maoríes desaparecen lentamente y la comunidad china lucha por sobrevivir en las calles de Haining Street.
En Wellington, Nueva Zelanda, a comienzos del siglo XX, dos hermanos chinos trabajan en una pequeña tienda de frutas y verduras. Chung-shun, de treinta y tres años, lleva casi una década en esta tierra extranjera, trabajando sin descanso para reunir los recursos necesarios que le permitan traerse una esposa desde China. Su hermano menor, Chung-yung, apenas ha llegado hace poco, con dieciocho años recién cumplidos y la cabeza repleta de lecturas que le han llenado de sentimientos contradictorios y sueños que parecen imposibles en este lugar.
La vida transcurre en ciclos repetitivos de trabajo. En la trastienda de la tienda, Yung lava verduras, pela remolachas, limpia zanahorias bajo el agua cada vez más turbia. Sus manos, que una vez fueron suaves y elegantes, capaces de manejar el pincel del calígrafo, ahora se endurecen con callos y rozaduras. Cada día es similar al anterior: clientes gweilo entran y salen, dejan dinero sobre el mostrador de madera, reciben su cambio. La rutina es monótona, pero también es sobrevivencia.
En el barrio de Haining Street, donde vive la comunidad china, Yung intenta entender esta tierra de maoríes y colonizadores británicos. Observa a los nativos con curiosidad, aunque su hermano mayor le ha advertido que sea cauteloso. Solo una vez entra un maorí en la tienda: un hombre completamente tatuado, dignificado con su traje negro bien planchado y chistera, que trata a Yung con más respeto del que jamás ha recibido de un hombre blanco. En ese breve encuentro germina una pregunta silenciosa sobre la jerarquía de este mundo nuevo.
Pero fuera de la tienda, en las calles de Wellington, Yung experimenta la hostilidad cotidiana. Niños blancos le insultan, tirándole del sombrero y burlándose de su idioma, de su apariencia, de su existencia misma. Hombres desaliñados le piden dinero con amenazas apenas veladas. Es un mundo donde el cuerpo tiene su propio lenguaje, como dice su hermano, un lenguaje tan fluido como la poesía y tan brutal como la violencia.
En el prólogo, la novela establece su preocupación más profunda: la religión, la identidad y cómo los pueblos se parecen a sus dioses. Los espíritus blancos predican en lugares solitarios sobre el amor de un dios que murió, pero en las calles, la realidad es de desprecio, de escupitajos, de marginalización. La novela se despliega como una exploración lenta de cómo dos hermanos chinos, separados por la edad y por la manera de entender el mundo, intentan encontrar su lugar en una tierra que no les pertenece, entre el trabajo, la discriminación, los sueños y la creciente conciencia de que quizá nunca se irán, que Wellington es ahora su hogar.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.