Harry Hammersley narra su vida con descarada falta de modestia. Esbelto como su padre y su abuela, tras quedarse huérfano trabaja en el comercio hasta que una carta amorosa de Ethel Wilson lo impulsa a cambiar de oficio.
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Harry Hammersley narra su vida con descarada falta de modestia. Esbelto como su padre y su abuela, tras quedarse huérfano trabaja en el comercio hasta que una carta amorosa de Ethel Wilson lo impulsa a cambiar de oficio. Comienza una serie de peripecias absurdas: participar en la invención del cine, un encuentro parisino con Odette donde bailan dibujando con los pies, y asesinarlo por apretar el tubo de pasta de dientes incorrectamente. Encarcelamiento, viaje oceánico y reflexiones delirantes sobre el azul del mar cierran esta novela donde lo absurdo es ley.
La novela comienza con Harry Hammersley presentándose con la naturalidad de quien hereda un nombre que llevan su padre, su abuela y prácticamente toda su familia. Tras un inicio cómico donde describe su nacimiento, su infancia y su crecimiento como «costumbre de los ingleses», quedará huérfano a los pocos días de volverse hombre, recibiendo como herencia una libra con cincuenta chelines en el Londres de 1894.
El joven esbelto —«un esbelto de aúpa»— intentará diversos oficios antes de dedicarse al comercio, donde trabaja en la casa Frank Griswold and Company. Aquí conoce a Ethel Wilson, cuya peculiar carta de amor llega a transformar su destino. La misiva mezcla declaraciones de amor con referencias comerciales incomprensibles: menciona fibra manufacturada podrida, balances de hierros galvanizados retorcidos, sucursales de géneros de punto y dividendos de nitratos. Este absurdo epistolar marca el fin de su carrera.
Decidido a buscar nueva profesión, Harry descubre que el cine aún no ha sido inventado, pero el mundo entero lo reclama. La narración recorre la histeria colectiva por el invento, con parejas de novios e inventores como Gillette y Edison siendo acosados. En 1895, los hermanos Lumière crean el cinematógrafo, aunque olvidan la taquilla.
En París, donde Harry trabaja como bailarín de tango, conoce a Odette. Su encuentro es absurdo: ella sorbía una menta verde, él la invita a bailar de forma banal, y pronto están dibujando formas con los pies: toros, gallinas, trenes, señores de Normandía. En una despensa sin acceso a jardín, bajo un jamón colgado, Harry y Odette se aman.
Pero el amor termina de manera brutal: Harry mata a Odette apretándole el cuello porque ella insistía en apretar el tubo de pasta de dientes por la parte de en medio, no por abajo. Condenado a cadena perpetua, conoce al preso 18, condenado a dos muertes imposible de ejecutar.
En 1931 lo liberan. Hollywood lo reclama para el cine sonoro. Embarca en el Leviathan y deviene filósofo involuntario, meditando sobre por qué el mar es azul con lógica irrebatible: si fuera rojo parecería un pimiento; si marrón, un puro; si negro, un señor de luto.
La novela cierra con la historia del inventor del Atlántico, don Atlántico García, un modesto empleado de Hacienda nacido en Pontevedra que decidió crear un mar en los alrededores de Santander.
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