En el Rif, región montañosa del norte de Marruecos, mujeres cuentacuentos transmiten oralmente historias ancestrales. Esta recopilación reúne cuarenta cuentos populares traducidos del tarifit, la lengua bereber local, donde ogros, ángeles…
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En el Rif, región montañosa del norte de Marruecos, mujeres cuentacuentos transmiten oralmente historias ancestrales. Esta recopilación reúne cuarenta cuentos populares traducidos del tarifit, la lengua bereber local, donde ogros, ángeles y personajes rurales encarnan valores culturales que se eternizan en aventuras aún preferidas por los niños a cualquier otra diversión moderna.
Una cuentacuentos rifeña cuenta a sus sobrinos: «Aunque tengan televisión, prefieren los cuentos». En esa frase late la vitalidad de una tradición milenaria que resiste en el Rif, la cadena montañosa del norte de Marruecos que corre paralela al Mediterráneo desde Tánger hasta Melilla.
Esta recopilación reúne cuarenta cuentos populares recogidos y traducidos del tarifit, la lengua bereber hablada en esa región, durante siete meses de intenso trabajo en Alhucemas y sus alrededores. Son narraciones transmitidas oralmente por mujeres cuentacuentos de distintas edades, que tejen historias donde lo cotidiano rural se cruza con lo mágico y lo sobrenatural.
En estos cuentos —llamados tinfas— habitan ogros antropófagos como Nunya y Zusra, ángeles de cualidades extraordinarias, animales domésticos y salvajes que reproducen dramas humanos, y personajes rurales: agricultores, pescadores, herreros, sirvientes. Los espacios son igualmente concretos: huertos y plantaciones cercanos a las casas, ríos, bosques, montañas donde acechan lo no humano. El tiempo se sitúa en un pasado sin definición específica, en un «país» que es implícitamente el Rif.
Cada cuento responde a una estructura narrativa donde un problema inicial se desarrolla y resuelve, aunque esa estructura puede complicarse con episodios anidados. Las narraciones no buscan la verdad histórica sino una verdad social, cultural y afectiva que se eterniza en cada aventura. Como reconoce una de las cuentacuentos: contar historias «te cambia el ánimo».
Las historias están marcadas por una riqueza relacional: los afectos entre padres e hijos, las rivalidades entre hermanas y hermanastras, los celos entre coesposas. Los personajes reflejan la estructura social rifeña, donde los maridos tienen derecho a castigar violentamente ciertas transgresiones, aunque existe una profunda afectividad en los vínculos. Las mujeres aparecen principalmente definidas por su rol familiar o socioeconómico. Las suegras son retratadas como las más pérfidas; las tías cumplen funciones de apoyo moral.
Aunque estos cuentos pertenecen a la tradición oral rifeña, muchos viajan por otras tradiciones bereberes y árabes del Mediterráneo, y encuentran paralelos en cuentos europeos antiguos. La pandera, por ejemplo, es una versión norteafricana de un tema medieval europeo donde un instrumento musical fabricado con restos humanos denuncia un crimen. El hijo de Nunya evoca el mito grecorromano de Psique y Amor, que Apuleyo inmortalizó en El asno de oro.
Esta recopilación es, ante todo, un testimonio de vitalidad: niños que eligen historias de ogros y ángeles sobre cualquier pantalla, mujeres que narran con placer y transformación, una lengua y un arte que perduran.
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