«¿Dado? ¿Dónde estás Dado?», grita Candela en el parque, buscando a su perro adoptado. Ella es una maestra de guardería que vive en un barrio humilde con su compañera Estrella, ambas sosteniendo vidas muy distintas: una cómoda y dedicada…
Descargar
«¿Dado? ¿Dónde estás Dado?», grita Candela en el parque, buscando a su perro adoptado. Ella es una maestra de guardería que vive en un barrio humilde con su compañera Estrella, ambas sosteniendo vidas muy distintas: una cómoda y dedicada al cuidado de niños, la otra exhausta por turnos nocturnos en una fábrica. Cuando un chico desconocido le señala que debería atar mejor a su mascota, se inicia un encuentro que interrumpe la rutina tranquila de Candela. La novela observa cómo una vida modesta, enfocada en lo cotidiano, es tocada por alguien que lleva el ritmo del movimiento constante.
«¿Dado? ¿Dónde estás Dado?», grita Candela en el parque, buscando a su perro. La voz es la de una mujer preocupada por algo que ama sin medida. Hacendado, conocido como Dado coloquialmente, es un perro callejero que Candela y su compañera Estrella recogieron en una tarde lluviosa hace más de un año. Ahora es el corazón de un hogar modesto en un barrio de viviendas adosadas idénticas, donde conviven familias de distintos orígenes y personas mayores.
Candela trabaja en una guardería con turno de mañana; su pasión por los niños fue lo que la llevó a abandonar su ciudad natal para buscar vida en la gran ciudad. Estrella, su compañera, soporta los agotadores turnos nocturnos en una factoría de camiones, un sacrificio que la mantiene exhausta durante el día pero le permite una cierta paz laboral. Entre ambas existe una complicidad de amigas: una diferente de la otra. Mientras Candela viste sudaderas anchas y deportivas, dedicada al confort de su trabajo, Estrella mantiene un esmero en su aspecto, perfume y maquillaje, incluso antes de entrar en una fábrica.
El parque que Candela frecuenta cada mañana y cada tarde es un lugar informal, con grandes avenidas y zonas de césped, lejos del formalismo del centro de la ciudad. Allí, en el silencio relativo de su rutina diaria, Candela ve aparecer a Mateo, un chico que corre por los senderos. Su llegada es casual, breve, pero marca el comienzo de algo distinto. Él señala lo que debería hacer: atar a su perro. Ella responde con disculpas. Luego regresa con su nombre en los labios y una sonrisa que parece natural. En ese encuentro simple reposa una pregunta: cómo una vida tranquila, organizada alrededor de pequeñas cosas, puede verse alterada por la aparición de alguien cuyo mundo parece moverse más rápido.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.