Daniel atraviesa las calles de Londres bajo una lluvia flagelante para llegar a la comisaría de Islington. Debe defender a Sebastian, un niño de once años, acusado del asesinato de Ben Stokes, un compañero de ocho años.
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Daniel atraviesa las calles de Londres bajo una lluvia flagelante para llegar a la comisaría de Islington. Debe defender a Sebastian, un niño de once años, acusado del asesinato de Ben Stokes, un compañero de ocho años. Las pruebas parecen concluyentes: manchas de sangre en sus zapatos, testigos que lo vieron con la víctima. Pero cuando Daniel conoce al muchacho, se encuentra ante un niño inteligente, seguro de sí mismo, y perturbadoramente curioso por los detalles del crimen. Algo no encaja.
Cuando sale del metro de Islington bajo la lluvia del verano londinense, Daniel Harvey se dirige a la comisaría para un caso que alterará sus certezas profesionales. El abogado defensor, especializado en la defensa de menores, debe representar a Sebastian Croll, un niño de apenas once años acusado de asesinar a Ben Stokes, un compañero de ocho.
Ben Stokes fue hallado en un rincón de Barnard Park con el rostro destrozado. Un ladrillo roto, ramas y hojas cubren su cuerpo. Un testigo vecinal vio a dos niños peleando en el parque el domingo por la tarde. Las manchas de sangre en los zapatos de Sebastian parecen concluyentes.
En la pequeña sala de interrogatorios, sin ventanas y bajo luces fluorescentes, Daniel se encuentra con un muchacho que no encaja en ningún esquema esperado. Sebastian es visiblemente hermoso, con una elocuencia inusual en un niño de su edad, inteligente. Sus respuestas son coherentes y medidas, su comportamiento controlado. Pero hay algo inquietante en su forma de hablar del muerto: pregunta cómo fluye la sangre después de la muerte con curiosidad clínica de adulto, menciona el cadáver con una indiferencia incómoda. Su madre, Charlotte, actúa de manera sospechosa: dice estar dormida cuando la policía la busca, aunque Sebastian asegura haber estado solo en casa. Sus versiones no concuerdan.
Daniel ha dedicado su carrera a defender menores acusados de crímenes. Pero nunca antes ha defendido a un niño tan pequeño. Mientras los policías interrogan al muchacho, tejen sus trampas verbales, Daniel percibe que algo falta en esta historia. ¿Es culpable Sebastian? ¿O es víctima de circunstancias, de testigos imprecisos, de la convicción de los adultos? La novela despliega estas preguntas sin resolver, explorando la grieta entre la apariencia y la verdad.