Un historiador dialoga con voces del pasado español para recuperar las narrativas borradas del mito de la transición. En las sombras de 1968 a 1986 aguardan ciudadanos cuya democracia imaginada fue silenciada por una historiografía que…
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Un historiador dialoga con voces del pasado español para recuperar las narrativas borradas del mito de la transición. En las sombras de 1968 a 1986 aguardan ciudadanos cuya democracia imaginada fue silenciada por una historiografía que pretende neutralidad. Un joven vallecano muestra una fotografía de grafiti: «Todos estamos en libertad condicional». Así comienza la búsqueda de una escritura que incluya a los excluidos, que hable desde la pluralidad y que cuestione no la libertad conquistada, sino sus límites compartidos.
Este es un libro de historia cultural que cuestiona las formas mediante las cuales se ha narrado la transición española. El autor propone una escritura alternativa, una que no borre voces ni perspectivas bajo la aparente neutralidad de la historiografía académica. Comienza reconociendo cómo la narrativa histórica impersonal oculta decisiones políticas controvertidas: muestra cómo una simple frase sobre la aprobación del referéndum de la OTAN en 1986 desaparece a más de seis millones de votantes que se opusieron, invisibilizados por una construcción gramatical que pretende universalidad.
El libro se ocupa de las formas democráticas de la imaginación política entre 1968 y 1986, recuperando las prácticas creativas de quienes, siendo jóvenes ante la democracia por venir, imaginaron colectivamente otra república. No es un relato de consenso sino de rupturas, de límites impuestos y resistencias. En lugar de celebrar el «aprendizaje de la libertad» como logro consensual, el autor recupera las voces de quienes vivieron la democracia como aprendizaje de sus límites, desde la cárcel, desde la periferia, desde la contracultura que cuestionaba el régimen constitucional.
La escritura busca ser polifónica e inclusiva, tejiendo nombres, voces, documentos y testimonios de quienes fueron borrados del relato oficial. Un joven vallecano muestra una fotografía de un grafiti que reza «Todos estamos en libertad condicional»: esta imagen sintetiza la tesis del libro, la idea de que la democracia constituida se sostuvo invisibilizando las formas de dominación que la limitaban. El trabajo propone una poética concreta, una serie de decisiones formales sobre cómo representar la experiencia colectiva sin negarla ni aplanarla.
El autor declara que no escribirá con la frialdad de la historiografía convencional, sino que asumirá responsabilidad por lo que incluye y lo que excluye. Reconoce que toda representación es imperfecta, que siempre hay un «no ser incluido» en cualquier narración, pero desea luchar contra aquella que, para parecer legítima, olvida la existencia de una ciudadanía crítica y democrática más allá de las instituciones que dicen representarla. Es un acto de desaprendizaje: desaprender el mito de la transición como fábula ordenada y permitir que emerjan los sueños de democracia que habitaban en sus silencios.
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