Anna tiene diecisiete años, labios rojos impecables y la vida que todos envidian. Popular, hermosa, con el novio perfecto y amigas que la rodean, ella construye una imagen de invulnerabilidad en los pasillos de la escuela.
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Anna tiene diecisiete años, labios rojos impecables y la vida que todos envidian. Popular, hermosa, con el novio perfecto y amigas que la rodean, ella construye una imagen de invulnerabilidad en los pasillos de la escuela. Pero esa capa de perfección frágil comienza a resquebrajarse cuando descubre que hay fuerzas en su entorno que desafían su control, y la vida que creía dominar le presenta un espejo incómodo que refleja quién es realmente debajo del maquillaje.
Anna despierta una vez más con el mismo sueño recurrente: su padre, una sombra apenas, pidiéndole que se quede, que no lo siga. Se levanta de su cama en la enorme casa del centro de la ciudad y comienza el ritual de cada mañana. En el espejo estudia su reflejo como quien prepara una estrategia de guerra: la ropa correcta, el maquillaje calculado, los labios rojo intenso. Es la firma que ella eligió para sí misma, lo único que la hace reconocible en un mundo donde todo lo demás es mentira.
Su familia existe como ficción. Su madre se encierra en su cuarto día tras día, una presencia fantasmal que apenas habla. Su padre, apenas un recuerdo fragmentado en pesadillas. El dinero aparece sin explicación, permitiéndole un auto, fiestas, la ilusión de control. En la escuela, Anna reina sin esfuerzo. Sus amigas Jenna y Eva orbitan a su alrededor, sus compañeros la observan con una mezcla de admiración y miedo. Sus profesores la encuentran insolente. Su novio Mike existe en los márgenes de su vida, ignorándola de formas que ella finge no ver. Para todos, Anna es perfecta. Hermosa. Invulnerable.
Pero entonces algo se quiebra en ese orden cuidadosamente construido. Alguien más se ha postulado para la presidencia de la sociedad de estudiantes. Una chica desconocida, modesta, que Anna descarta sin dudarlo. Hasta que descubre que quien la postuló fue una de sus propias amigas. La traición no es solo un golpe al ego. Es la primera grieta en el espejo donde Anna ha estado mirándose durante años. Una grieta que, aunque pequeña, comienza a mostrar lo que siempre estuvo detrás de esa imagen perfecta: una chica que está sola, que duele, que necesita ser algo más que un nombre bonito y unos labios bien pintados.