Desde el borde del acantilado, Elodie contempla el mar mientras Inophe, su ducado árido devastado por setenta años de sequía, se extiende a sus espaldas.
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Desde el borde del acantilado, Elodie contempla el mar mientras Inophe, su ducado árido devastado por setenta años de sequía, se extiende a sus espaldas. A los veinte años, ha dedicado su vida a servir a su pueblo, viajando de casa en casa bajo el implacable sol, resolviendo pequeños problemas con las manos de quien siempre dice lo inadecuado en el momento inapropiado. Cuando una nave de velas carmesíes trae una propuesta de matrimonio del reino de Aurea, Elodie descubre que el deber la empuja hacia una vida completamente distinta: navegará océanos nunca vistos y se convertirá en princesa de un reino desconocido, dejando atrás todo lo que conoce.
Inophe es un ducado donde el tiempo parece moverse en reversa. Mientras el resto del mundo prospera, este territorio árido se hunde bajo setenta años de sequía ininterrumpida. Sus tierras de cultivo se han convertido en dunas de arena; la gente subsiste mediante trueque de tejidos caseros, huevos y ocasionalmente una cabra por harina de importación. Es en este paisaje de jabíes dispersos y flores amarillas donde vive Elodie Bayford, hija del duque Richard.
A los veinte años, Elodie dedica cada día a servir a su pueblo. Sale a caballo bajo el sol abrasador visitando familias, ayudando con todo: desde colocar cepos para ratas hasta leer historias a los niños. Una particularidad la define: habla cuando no debería, dice lo inadecuado en el peor momento, y sus hombros se tensan bajo cualquier interacción social. Sin embargo, la gente la respeta por su dedicación absoluta a Inophe. Su padre, carismático y comprensivo, siempre está allí para enmendar sus torpezas.
En secreto, Elodie colecciona historias. Los relatos de los marineros que llegan a puerto son para ella como botones brillantes para una urraca: preciosos tesoros sobre otros reinos, sus festivales, costumbres y formas de vida. De noche sueña con surcar el océano, aunque durante el día niega cualquier deseo de abandonar su tierra.
Cuando un barco con velas carmesíes llega a puerto trayendo a una enviada real de Aurea, todo cambia. El duque Richard ha negociado, en secreto, el compromiso de su hija con el príncipe heredero Henry del reino dorado de Aurea. Lo que comienza como una sacudida devastadora se convierte, gradualmente, en la oportunidad que Elodie nunca supo que deseaba. Durante ocho meses cruza cartas con Henry, quien le habla de la belleza y abundancia de su isla. Ella responde con historias de su gente y tierra, e incluso dibuja complejos laberintos para su hermana menor, Floria, reflejando en ellos la arquitectura de su propia mente.
Finalmente zarpa hacia Aurea en un barco lento y desvencijado. Bajo la lluvia y la niebla, durante dos meses de travesía, Elodie descubre que posee conocimientos de navegación que nunca había puesto en práctica: lee las estrellas, entiende los idiomas de los marineros, se orienta en el mar nocturno. Su madrastra, lady Lucinda, se queja del viaje. Su hermana Floria trepa por las cubiertas con energía adolescente. Y Elodie, siempre atolondrada en tierra firme, encuentra claridad en el océano, un nuevo yo que emerge cuando el mundo conocido queda atrás.