A los quince años, Virginia Stephen comienza un diario. «¡Por fin! A las tres menos cuarto, nuestro enorme ómnibus... salió para Paddington.» Esta compilación reúne cuarenta años de sus escritos de viaje: diarios y cartas en los que la…
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A los quince años, Virginia Stephen comienza un diario. «¡Por fin! A las tres menos cuarto, nuestro enorme ómnibus... salió para Paddington.» Esta compilación reúne cuarenta años de sus escritos de viaje: diarios y cartas en los que la novelista inglesa registra sus desplazamientos por Europa con una prosa que alterna entre lo poético y lo íntimo. No es un libro de viajes al uso, sino el registro de una mente observadora que transforma cada trayecto en reflexión, cada paisaje en pensamiento, cada encuentro en caracterización viva.
Cuando Virginia Stephen tenía quince años, comenzó a llevar un diario. En julio de 1897, anota desde Painswick House en Gloucestershire: «¡Por fin! A las tres menos cuarto, nuestro enorme ómnibus, con todo tipo de equipaje amontonado… salió para Paddington». Con esa entrada comienza esta antología de los escritos de viaje de una de las grandes novelistas en lengua inglesa: cuarenta años de diarios y cartas en los que Virginia Woolf registra sus desplazamientos por Inglaterra, Francia, Italia, Grecia y otros rincones de Europa, desde su adolescencia hasta 1938.
Virginia Woolf no fue una escritora de viajes al uso. Nunca pretendió hacer guías ni relatos exhaustivos de sus periplos. Lo que sus diarios y cartas revelan es algo más profundo: la huella que los lugares dejan en una mente extraordinaria, la evolución silenciosa de una observadora que pasa de ver el mundo con los prejuicios de la aristocracia intelectual inglesa a abrirse gradualmente a las gentes, paisajes y culturas que encuentra en el camino.
El libro muestra a una Virginia Stephen que monta a caballo y se baña en el mar, que recorre las campiñas inglesas con familia y amigos. Después, como Virginia Woolf, continúa viajando con su marido Leonard, siempre anotando en sus cuadernos el estado de su propia mente, los colores de un atardecer, la observación aguda de un personaje ocasional. Sus escritos oscilan entre la prosa poética de las descripciones de paisajes y las notas fragmentarias, casi taquigráficas, de sus últimos años. A través de ellos, el lector presencia la evolución de la mujer y la escritora, desde la jovencita que desconfía de los meridionales hasta la mujer madura que se siente a gusto rodeada de franceses, italianos, españoles y griegos.
Esta compilación rescata por primera vez en español la voz íntima y vivaz de Virginia viajera, esa voz que vibra a través de los años con la frescura del agua viva.