Durante la fiesta de Halloween de una revista de Seattle, Martina, una malagueña de treinta años, choca accidentalmente con un desconocido de ojos azules.
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Durante la fiesta de Halloween de una revista de Seattle, Martina, una malagueña de treinta años, choca accidentalmente con un desconocido de ojos azules. Horas después, durante la rifa benéfica de besos, aquel misterioso extraño ofrece cien mil dólares por pasar la noche con ella, despertando en Martina una pasión que creía dormida desde hace años.
Martina es una mujer de treinta años nacida en Málaga que hace casi una década abandonó su ciudad natal para seguir un amor que, aunque no perduró, le permitió enraizarse en Seattle. En sus siete años en Estados Unidos ha construido una vida estable: trabaja como editora en una revista de prestigio, cuenta con amistades sólidas como la de Janet y Eric, y ha aprendido a disfrutar de la cotidianidad.
Cuando se aproxima Halloween, su jefe Steven Turner organiza, conforme a la tradición anual, una fiesta para los empleados. Martina aguarda este evento con genuino entusiasmo, viéndolo como una ocasión para escapar brevemente de la rutina. Para la noche, elige disfrazarse de Catrina mexicana, dedicando horas a perfeccionar un maquillaje elaborado que realiza meticulosamente siguiendo tutoriales en línea. El resultado es impecable, combinando blanco, negro y detalles que transforman su rostro en una obra artística.
Durante la fiesta, rodeada de colegas disfrazados de personajes diversos —diosas del Olimpo, superhéroes, astronautas—, Martina se divierte entre bailes y conversaciones. La noche transcurre sin sobresaltos hasta que, tras una breve pausa en el baño, choca accidentalmente con alguien en el pasillo. El encuentro es fugaz pero memorable: el hombre que la sostiene tiene ojos azules intensos, un antifaz que oculta su rostro, y una voz que remueve en ella emociones que creía adormecidas hace años. En ese breve contacto, ella siente algo cambiar en su interior.
Más adelante, durante la rifa benéfica de besos —tradición anual que recauda fondos para el hospital infantil local—, Martina participa como oferente de besos. Mientras los compañeros pujan cifras crecientes, la cantidad se eleva de manera inesperada hasta alcanzar una suma que paraliza el silencio de la sala: cien mil dólares. La oferta proviene del misterioso desconocido, cuya mirada penetrante permanece fija en Martina. En ese instante, ella comprende que el encuentro casual ha desatado algo mayor, un deseo que quiebra la tranquilidad de su vida ordinaria.