Emily Longesley ha pasado años viviendo como fantasma en la finca de su esposo ausente, el conde Adrian, quien rehúsa visitarla o reconocer su existencia.
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Emily Longesley ha pasado años viviendo como fantasma en la finca de su esposo ausente, el conde Adrian, quien rehúsa visitarla o reconocer su existencia. Cuando su primo político Rupert comienza a cuestionar si Adrian sigue vivo y amenaza con heredar el título y la casa, Emily ve peligrar todo lo que considera suyo. En un acto de desesperación, decide inventar algo radical: un embarazo. Ahora debe viajar a Londres, encontrar a su esquivo marido y convencerlo de que reconozca a un hijo que aún no existe.
Emily Longesley se enfrenta a su primo Rupert con una determinación que sorprende incluso a ella misma. Mientras él pone en duda la existencia de su esposo Adrian, quien supuestamente habita Londres pero nunca sale de sus aposentos, Emily recurre a la mentira más convincente que se le ocurre: está encinta. No de Adrian, claro está, pero Rupert no tiene por qué saberlo.
Por años, Emily ha vivido en la sombra del matrimonio con el conde. Adrian la abandonó prácticamente el día después de la boda, retirado a Londres donde sus amigos lo buscan en vano. Los criados juran haberlo visto, pero sus caras delataban angustia. Incluso el leal secretario Hendricks, que sirve de mensajero entre ellos, evita hablar de su amo. La única certeza es el silencio, una ausencia tan profunda que lleva tres años consumiendo a Emily.
La amenaza de Rupert no es trivial. Sin heredero legítimo, el título y la finca pasarán a él, un hombre codicioso que visita la propiedad cada vez más frecuentemente, midiendo con los ojos cada habitación como si ya las viera como propias. El fingimiento de Emily funciona: tras declararse encinta, logra expulsar a Rupert, al menos de momento. Pero la mentira genera un problema mayor que el que pretendía resolver. Ahora debe consumar lo prometido: debe conseguir que Adrian engendre ese hijo, o al menos que finja haberlo hecho.
Así Emily emprende el viaje a Londres con una misión que roza lo imposible. Acampa en las habitaciones de su marido desaparecido, dispuesta a enfrentarlo cuando regrese. Lo que descubrirá es un Adrian Longesley muy distinto del fantasma que imaginaba. No es simplemente un hombre que la rechaza. Es alguien que se autodestruye, atrapado en un patrón de abandono y descontrol heredado de su padre, quien falleció en un accidente a caballo provocado por su afición a la bebida. Adrian camina por el mismo camino oscuro, desapareciendo durante días, regresando destrozado, luchando contra demonios que nadie comprende.
El encuentro entre Emily y Adrian no será lo que ella anticipó. En este juego de mentiras construidas para preservar lo que se ama, las líneas entre el engaño y la verdad se desdibujan.