Nélida despierta atrapada en la oscuridad sin recordar quién es. Asrajt, guardiana de las nubes, le revela su verdad: es un genio, el más poderoso de todos.
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Nélida despierta atrapada en la oscuridad sin recordar quién es. Asrajt, guardiana de las nubes, le revela su verdad: es un genio, el más poderoso de todos. Nacida en una lámpara dorada forjada por un comerciante de Oriente que la conservó por amor a su esposa moribunda, Nélida ha servido a innumerables amos durante milenios. Con sus manos desnudas que brillan de fuego divino, posee un poder sin igual. Pero carga con una verdad oculta: la secreta esperanza de encontrar un amo justo, alguien a quien guiar además de servir.
Nélida abre los ojos en la oscuridad, desorientada. Una estancia mullida la rodea, meciéndose como una cuna. Una voz lejana la llama: “Nélida, Nélida, ya está cerca el despertar”. Busca desesperadamente una salida, pero cuando su angustia alcanza su máxima intensidad, sus manos se abren y de ellas brotan dos llamas vivas. La oscuridad se disuelve.
Un palacio imposible aparece ante ella, suspendido entre nubes. Asrajt, guardiana de las nubes, con ojos hermosos y voz dulce, sonríe: “Bienvenida a la Voluntad”. Le explica que es un genio, el más poderoso de todos. A diferencia de los demás, Nélida no porta las cadenas de la esclavitud: sus manos están desnudas, marcadas únicamente por el símbolo de la lámpara en dorado.
Fue asignada a una lámpara mágica forjada en Oriente por un comerciante que amaba profundamente a su esposa enferma. Cuando ella murió, tras gastar su fortuna en médicos y remedios, la esposa pidió que guardara la lámpara dorada que habían comprado juntos. “Guárdala para que me recuerdes”, susurró en su último aliento. En ese acto de amor, la lámpara fue elegida por voluntad divina. Nélida nació dentro de ella, como la más poderosa de los genios.
Cada despertar trae consigo el mismo vacío. Nélida recuerda a su último dueño: un faraón de Egipto que gobernaba las dos tierras gracias a sus tres deseos. Consumido por la ambición, exigió convertirse en un dios inmortal, algo que Nélida no podía conceder. En su tercer deseo, el faraón intentó engañarla con un juego de palabras, pidiendo que ella otorgara el poder de conceder su propio tercer deseo. Sus llamas se extinguieron, y el faraón hundió la lámpara en el Nilo, escondiéndola lejos del mundo.
Ahora, en el paraíso de las nubes, rodeada de otros genios que beben néctar, Nélida guarda su verdad más secreta: la esperanza que nunca ha compartido. Desea encontrar a un amo justo, alguien a quien pueda guiar además de servir. Como la más poderosa de los genios, parece condenada a atraer siempre a los más ambiciosos.