Un viejo poeta negro rememora, entre flores marchitas y tragos de ron, la historia de Manganzé, una mujer africana de noble cuna cuyo destino se entrelazó con el de un capitán negriero gallego en los tiempos oscuros de la trata.
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Un viejo poeta negro rememora, entre flores marchitas y tragos de ron, la historia de Manganzé, una mujer africana de noble cuna cuyo destino se entrelazó con el de un capitán negriero gallego en los tiempos oscuros de la trata. En la noche cubana, Juan Zayas teje un relato de amor y tragedia que trasciende la época de la esclavitud.
En el bohío nocturno de un batey cubano, un viejo negro sostiene una flor marchita. Es Juan Zayas, quien fue abogado, guerrillero y poeta. Esa flor contiene un mundo olvidado: el de Bateycito, un lugar desaparecido; el de una mujer llamada Manganzé, y el de un hombre llamado Ramón Loureiro.
Zayas ha pasado la vida recorriendo tierras de Cuba, amando mujeres cuyo número ha perdido la cuenta. En cada rostro negro sospecha ver la sangre de sus venas, una forma de paternidad sin certeza, de amor sin posesión. Ahora dedica sus últimos recursos a ayudar y aconsejar a quien lo solicita.
Esta noche, ante la flor que le devolvió Lydia años atrás, Zayas se adentra en un relato profundo. La historia de Manganzé comienza en África, en Tankinaka, cerca del lago Tanganyka. Era hija de Konkolo-U, rey de los mabengas, una rama real en el tronco oscuro del imperio. Su piel, color de caoba rojiza, su porte altivo y sus movimientos perezosos la hacían parecer una estatua de cobre viviente. Fue reina incluso antes de llegar a América.
En los años de la trata floreciente, Oyamba-Eyum, monarca regional, buscó fortalecer su reino desposando a Manganzé. El matrimonio sellaba paz política, pero ella llegaba a un harén donde siete concubinas la aguardaban con odio mortal. En esa primera noche en Wambandolo, la princesa no pudo dormir, clavando sus uñas en el pecho del eunuco guardián para mantenerlo atento ante la amenaza de la muerte.
Ramón Loureiro, gallego que fue espejo de los negreros del mundo, cruzaría su camino en los tiempos más turbios de aquella época. Su vida fue llama roja que se llevó el aliento de miles. Esta es la historia de ese encuentro, de un amor que osó desafiar los cielos y los mares, de pasiones sublimes y hechos atormentados que conforman la leyenda de Manganzé.