En un bosque francés cercano a la ruta nacional, una mujer es asesinada por dos antiguos nazis que la torturan buscando información sobre Andreiev, un traficante de armas de origen ruso.
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En un bosque francés cercano a la ruta nacional, una mujer es asesinada por dos antiguos nazis que la torturan buscando información sobre Andreiev, un traficante de armas de origen ruso. Su muerte desata una trama internacional de espionaje donde confluyen agentes de inteligencia estadounidenses, criminales de guerra fugitivos, diplomáticos corruptos y operarios clandestinos que se persiguen mutuamente por la posesión de planos secretos de instalaciones de cohetes estadounidenses. Lo que nadie sabe es dónde está Andreiev, ni qué hará con esos secretos.
En un bosque oscuro junto a la carretera nacional francesa, bajo el ruido indiferente de los coches que circulan a metros de distancia, una mujer sufre el interrogatorio brutal de dos hombres cuyas cicatrices revelan un pasado como verdugos de las SS. Buscan a Andreiev, y cuando ella no puede entregarle, uno de ellos dispara su pistola silenciada. Su nombre es Lorna, y su muerte abre una novela sobre la persecución de un hombre que desapareció sin dejar rastro.
A doscientos metros, en una casa abandonada rodeada de enredaderas, otro cadáver reposa en el silencio: un hombre que lleva una semana muerto, sujeto en pie mediante una correa, atravesado por un puñal. En su bolsillo hay un pañuelo bordado con la inicial “A”. Es el rastro más tangible que existe de Andreiev.
En un tren que viaja por el sudoeste francés, confluyen tres pasajeros en un mismo compartimento: una joven estadounidense paralizada por el reuma, un profesor de gimnasia neoyorquino de fuerza felina, y una mujer francesa que gradualmente revela su verdadera identidad. Es la esposa de Andreiev, traficante de armas internacional, que aguarda el reencuentro con su marido después de un año de separación. Su conversación en el tren es un juego de seducción y revelaciones peligrosas.
En el Pentágono de Washington, un hombrecillo tímido entra en la oficina del coronel Ruggles. Es “Quick” Barness, verdugo profesional que ha ejecutado a más de doscientas personas. Se le encarga una misión que puede ser mortal: encontrar a Andreiev, quien posee los planos completos de todas las instalaciones de cohetes estadounidenses diseminadas alrededor del mundo. Esos planos representan el corazón de la defensa norteamericana.
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