Enriqueta, conocida como Keti, es una mujer de veintiocho años que trabaja envasando palmeritas en una cooperativa. Su vida transcurre en una monotonía abrumadora, interrumpida solo por discusiones de compañeros y la preocupación constante…
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Enriqueta, conocida como Keti, es una mujer de veintiocho años que trabaja envasando palmeritas en una cooperativa. Su vida transcurre en una monotonía abrumadora, interrumpida solo por discusiones de compañeros y la preocupación constante de su madre sobre su futuro sentimental. Cuando su prima Candelaria, con el corazón destrozado tras ser traicionada por su novio, llega sin aviso para alojarse en su casa, irrumpe en el refugio que Keti ha construido cuidadosamente.
Cada mañana, Enriqueta pospone varias veces su alarma antes de enfrentarse a otra jornada envasando palmeritas. Con veintiocho años, trabaja en un puesto monótono y mecánico donde es absolutamente intercambiable. El trabajo le permite mantener la mente disponible para pensamientos que no la reconfortan: su vida sin propósito, su futuro incierto, la sensación de estar en el lugar equivocado. Si algún día falta, sus compañeros simplemente corren el doble; nada importante depende de ella. Su mundo es pequeño y cerrado. En el trabajo están Lolo y Fedra, compañeros que discuten constantemente, aunque sospecha hay atracción jamás confesada entre ellos. Elisa fue su única amiga verdadera, pero hace años se mudó lejos y sus llamadas disminuyeron en frecuencia. Las otras mujeres en su vida —Gema y Maite— son compañeras de juerga, superficiales e intercambiables. Con su madre la relación es complicada. La ama, pero su madre constantemente pregunta sobre hombres y matrimonio. Años atrás construyó un muro imaginario: ciertos temas no existen. Prefiere que su madre ignore la realidad de su vida sentimental. Ha hecho una promesa privada: no presentará a ningún hombre a sus padres hasta estar lista para casarse por la iglesia, algo que duda sinceramente que ocurra. Cansada de las discotecas y las resacas, ha comenzado a preferir películas y golosinas al alcohol. Aunque reconoce que cinco kilos ganados en tres meses la preocupan. Oscila entre dos extremos sin término medio: ermitaña en su sofá o loca de la noche. Vive sola con Budi, su pastor alemán, en un pequeño piso. Ese silencio es lo que más valora. Pero los vecinos de arriba, con cuatro hijos ruidosos, han convertido sus siestas en imposibles. Los niños no le gustan en absoluto. Paradójicamente es tradicional respecto al matrimonio pero tiene profundas reservas sobre la idea de procrear. Entonces suena el teléfono. Su madre tiene un favor: su prima Candelaria, a quien Enriqueta nunca ha podido soportar, debe hospedarse en su casa. Ha sido traicionada por su novio, necesita escapar del pueblo. Esta noche llega. Su padre la recogerá en la estación. Enriqueta se niega rotundamente. Su casa es su último refugio, el espacio donde ha cultivado la soledad. Pero cuando su madre cuelga sin esperar respuesta, Enriqueta comprende algo incómodo que su madre ha visto: que está sola, dejada, necesitada de cambio.
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