En el corazón de la teología latinoamericana, una tensión divide a los maestros de la liberación: ¿acaso la primacía de los pobres oscurece la trascendencia de Dios? Paul Wess recompone los fundamentos bíblicos de esta disputa, buscando…
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En el corazón de la teología latinoamericana, una tensión divide a los maestros de la liberación: ¿acaso la primacía de los pobres oscurece la trascendencia de Dios? Paul Wess recompone los fundamentos bíblicos de esta disputa, buscando cómo una iglesia en comunidades puede permanecer fiel a la liberación sin perder de vista la radical alteridad divina.
Cuando la Teología de la Liberación alcanza su madurez en los años setenta y ochenta, enfrenta sus primeras fracturas internas. Una de las más profundas surge en torno a cómo comprender correctamente la relación entre Dios, Cristo y los pobres. Clodovis Boff cuestiona si la primacía de los pobres, llevada al centro de la reflexión teológica, no termina por desplazar a Dios mismo, vaciando de sentido la trascendencia divina. Sus hermanos teólogos responden con vigor, pero la herida permanece.
Paul Wess, profesor austríaco formado en la tradición europea, reconoce que esta contienda debilita la causa común: el compromiso con los empobrecidos. Pero antes de resolverla, desciende a las raíces de la cuestión. Descubre que tanto Clodovis como Leonardo Boff —su hermano— comparten la misma estructura teológica, aunque la inviertan. Clodovis acentúa lo divino; Leonardo enfatiza la humanidad hasta rozar la presencia divina en los pobres. Ambos padecen lo que Wess diagnostica como “monofisismo fáctico”: la incapacidad de mantener la tensión bíblica entre la absoluta trascendencia de Dios y su encarnación en la historia.
Desde esta comprensión, Wess no busca vencer sino repensar los fundamentos. Recurre a los grandes problemas de la cristología ecuménica —Calcedonia, la comunicación de idiomas— para mostrar cómo la dogmática occidental ha platonizado la revelación bíblica, perdiendo de vista que Dios permanece siempre por encima de Cristo y de los pobres, aunque se solidarice con ellos radicalmente. Propone una “espiral de comprensión”: no un círculo cerrado, sino un movimiento que siempre remite a la trascendencia.
La fe cristiana nace de la experiencia viva del amor —ex experientia caritatis—. Los pobres son para el creyente no la anticipación de Dios, sino el lugar donde el pueblo descubre quién es Cristo y en Cristo, quién es Dios. La iglesia en comunidades de base recupera su función esencial: ser lugar, signo e instrumento de liberación que es preludio de la salvación futura, nunca su sustituto.
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