Leo vuelve a su cubículo cada mañana con la inercia de quien ha aceptado que el destino está escrito. Viudo, padre de un hijo que le sonríe en la adversidad, vive entre la rutina laboral y la soledad.
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Leo vuelve a su cubículo cada mañana con la inercia de quien ha aceptado que el destino está escrito. Viudo, padre de un hijo que le sonríe en la adversidad, vive entre la rutina laboral y la soledad. Mientras tanto, en Praga, Aldana busca desesperadamente resolver ecuaciones imposibles que le permitan ver el futuro. En un portal de redes sociales, sus caminos convergen cuando ambos necesitan creer que el encuentro es más que coincidencia. Cuando una serie de eventos comienza a encadenarse como fichas de dominó, Leo deberá confrontar su creencia más profunda: si el destino existe, ¿dónde queda el libre albedrío?
Leo despierta cada mañana como quien cumple un ritual mecánico. Su hijo Alex le pide agua en la madrugada, el despertador suena a las seis y media, el café aguardiente lo espera en la oficina. Desde la muerte de Tiara, su esposa, la soledad lo habita como un inquilino permanente. Pero en Alex encuentra su razón de ser: ese muchacho de doce años que sonríe aun en la tristeza, que prefiere quedarse en casa antes de partir a una excursión escolar si eso significa no dejar a su padre solo. Leo cree en Dios y en el destino de manera incondicional. No le preocupa que todo esté predeterminado; simplemente vive, consciente de las reglas que debe respetar.
A miles de kilómetros, en Praga, Aldana Pria se consume frente a un monitor. Licenciada y obsesiva, busca lo imposible: una fórmula que le permita ver a través del tiempo-espacio. Sus noches sin sueño, sus parejas fallidas, sus colegas que dudan de ella, nada la detiene. Cuando la soledad la abruma en su departamento minúsculo, decide explorar un portal de redes sociales poco conocido. Allí, casi por azar, establece una conversación que la intriga. Cuando la luz se corta, despide a su nuevo interlocutor con una frase que ni ella comprende del todo: “El destino quiso que nos conozcamos”.
Del otro lado de la pantalla, Leo descubre ese portal para matar el aburrimiento de los días sin su hijo. Bajo el pseudónimo de Destiny, se cruza con TiempoYEspacio. Lee la frase de Aldana y siente algo que no puede explicar: un déjà vu, un escalofrío. Así comienza el entrelazamiento de dos vidas que parecían escritas por separado. Lo que sigue es una cadena de eventos concatenados como fichas de dominó, cada uno con su causa, cada uno con su propósito en el diseño mayor. La novela interroga lo que Leo ha creído toda su vida: si el destino no es incierto, ¿existe realmente el libre albedrío?
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