Josefa Amar y Borbón se sienta a la mesa de su escritorio ante las acusaciones de incompetencia intelectual de las mujeres, y comienza a desgranar argumentos contundentes: si los hombres buscan la aprobación femenina, si les atribuyen los…
Descargar
Josefa Amar y Borbón se sienta a la mesa de su escritorio ante las acusaciones de incompetencia intelectual de las mujeres, y comienza a desgranar argumentos contundentes: si los hombres buscan la aprobación femenina, si les atribuyen los males sociales, confiesan necesariamente que poseen entendimiento. A través de ejemplos de mujeres ilustres en ciencias, letras y gobierno, refuta la pretendida inferioridad intelectual y expone cómo la negación de educación formal genera la ignorancia que luego se critica.
En la España del siglo XVIII, Josefa Amar y Borbón toma la palabra para defender a su sexo. Ante los debates que agitan la Real Sociedad Económica de Madrid sobre la admisión de mujeres, ella depone una apología meticulosa y sin concesiones. Comienza por señalar una contradicción fundamental: los hombres buscan la aprobación de las mujeres, les rinden honores en privado, les atribuyen la responsabilidad de los males sociales; pero luego les niegan la instrucción pública y se quejan de su falta de saber. Esta lógica circular revela, según Amar, una confesión involuntaria: si las mujeres carecieran de entendimiento, no poseerían la influencia que se les imputa. El discurso se articula alrededor de ejemplos históricos precisos. Amar convoca a Theano comentadora de Pitágoras, a Hiparquia que superó a su maestro en filosofía y matemática, a Diotima de quien era discípulo Sócrates. En Francia menciona a la Marquesa de Sévigné y Madama Dacier. En España, Luisa Sigea, Francisca Nebrija, Beatriz Galindo. Enumera reinas y gobernantas: la Reina Isabel, las reinas británicas Isabel y Ana, Catalina II de Rusia que escribió códigos de leyes y novelas morales en francés con elegancia que pocos franceses alcanzan. Amar analiza también las circunstancias que generan ignorancia femenina. En ciertos territorios, las mujeres son esclavas; en otros, dependientes. La falta de establecimientos públicos de educación, la ausencia de premios que estimulen el estudio, la confinación a los muros del hogar: todas estas trabas no prueban inferioridad de talento, sino opresión sistemática. Invoca un argumento fundamental: si causas iguales producen efectos iguales, y las mujeres producen los mismos efectos intelectuales cuando se les permite, entonces poseen capacidades mentales semejantes. El texto examina desde la teología: Adán fue creado solo, pero reconoció necesidad de compañía, testificando igualdad originaria. En la caída, Eva precedió en el deseo de saber, curiosidad que Amar interpreta como indicio de talento. La sujeción no anula las facultades racionales; como el trabajo no invalida los saberes del hombre, la subordinación doméstica no extingue la capacidad intelectual de la mujer. Amar concluye que la prueba del talento no reside en teoría sino en actos consumados. Donde se ha permitido estudiar, las mujeres han producido. Donde se les ha concedido mando, han gobernado con acierto. No es deficiencia de capacidad sino escasez de ocasión lo que explica aparentes diferencias.
Plan gratis: 1 libro al día. Hazte VIP para libros ilimitados.